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Esta semana, el presidente metió una genialidad cada 24 hs., y eso que está con Covid.


Gran semana. Qué tranquilidad es para una sociedad saber que sus dirigentes no pierden la calma, mantienen el equilibrio y sobre todo demuestran, en un momento tan dramático como este, una gran responsabilidad para resolver los problemas y contener las angustias del pueblo. Obviamente estamos hablando de contener las angustias del pueblo uruguayo. Acá a nosotros no nos contiene nadie.

Nuestra desopilante dirigencia está en otro mambo, salvo honrosas excepciones como Wado de Pedro, Máximo y Massa que están dejando el alma tratando de resolver el problema más acuciante que tiene el país: si las PASO se hacen en agosto, en septiembre o nunca, que sería la opción preferida por ellos.

El resto de los dirigentes importantes, no todos pero muchos, se dedican a desfilar por los medios y a declarar para la posteridad. Son una máquina de abrir la boca y consagrarse. A toda hora, por todos los medios, por todas las redes y sobre cualquier tema. Debe ser por eso que no les queda tiempo para gobernar.

Esta semana, el “presidente” metió una genialidad cada 24 horas (algunos días hizo doblete), y eso que está con Covid. Que el hit de los “imbéciles” no nos tape las otras perlitas. El “yo les advertí” del miércoles con el dedito en alto por cadena nacional fue hermoso, sobre todo dicho por un tipo que se pasó el año violando los protocolos del Covid frente a todo el país y al final se terminó pegando el bicho con doble dosis de vacuna y todo.

No quiero ni pensar en la cara que habrá puesto Putin cuando le informaron que el presidente del país que más Sputnik le encargó y que más marketing le hizo, terminó contagiado después de vacunarse. Puedo imaginar toda la escena en el Kremlin pero no puedo rematar el cuento porque no se cómo se dice en ruso “llamen al envenenador”.

De todo el rosario de declaraciones que esta semana hizo el “presidente”, quedémonos con la del viernes que fue la más positiva: “Quiero terminar con la disyuntiva de pagar los remedios o la luz”. Hay que reconocerle un logro: con la disyuntiva terminó: ahora es ni los remedios ni la luz.

El otro que no puede parar la motoneta es el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero. Primero ninguneó al gobierno de Chile diciendo que ellos recibieron 30.000 Pfizer. Al toque lo salió a cruzar un funcionario chileno de segunda línea aclarándole que no eran 30.000 si no 1.800.000. Le erró por 1.770.000. Una nadita.

No conforme con eso, Cafiero insistió en querer hacerse famoso y declaró que los gobernadores están habilitados para comprar vacunas por su cuenta. Chau. ¿Qué necesidad tenía de seguir probando micrófonos? Después de esto, si yo fuera Larreta entrego el alma con tal de conseguir al menos 500.000 Pfizer y termino para siempre con el kirchnerismo.

Para explicarlo futbolísticamente, digamos que el canchero de Cafiero quiso salir jugando como si fuera el mariscal Perfumo pero, como el tipo es un tronco, perdió la bocha en la puerta del área y lo dejó a Larreta sólo frente el arquero.

Nadie dice que conseguir vacunas hoy en día sea sencillo, pero tampoco era para regalarle la pelota de esa manera. Dada la situación argentina no sería raro que los americanos le quieran dar un disgustito al kirchnerismo y una mano a Larreta. O al Gato. Eso les pasa por nombrar como jefe de Gabinete a un muchacho que no daba para más que tarjetero de boliche de zona Norte.

El tándem Alberto/Cristina va a tener que pedirle a Dios que Biden no se avive o que el pelado la tire por arriba del travesaño. Y obviamente Larreta tiene que buscarse un buen dealer. Uno que le consiga de la buena. La Pfizer o la Johnson o la de Moderna. Ahí es fundamental evitar que le quieran vender la Pfizer de La Salada.

Una sola cosa es segura: si el dolape consigue las vacunas se queda como presidente por los próximos 20 años. Y Cristina va a terminar colgando a Cafiero del mismo toallero del que va a colgar a Alberto. Luego dedicará el resto de su vida a ñañañear con Verbitsky, Zaffaroni y Boudou, reclamando lawfare y pidiendo el VAR.

Sin embargo, el Gobierno tiene la oportunidad de ahorrarse el disgusto de que los americanos le den una mano a Larreta. Veamos.

Según informó en Clarín la periodista Natasha Niebieskikwiat, este martes 13 llegará al país un enviado especial del presidente Biden. Se trata de un súper capo del Consejo de Seguridad Nacional de los EE.UU. llamado Juan González. Evidentemente, el nombre no lo ayuda. Pudiéndose llamar Clint Eastwood eligió llamarse Juan González, seguramente para despistar al enemigo. Cosas que pasan allá. En cualquier caso, la misión de González sería la de explorar si el gobierno de Tío Alberto es o no un aliado de Washington.

Seamos claros. Si el tipo viene por la carne, en Happening o en Don Julio la rompen. Si quiere pasta, Il Matterello en La Boca es una gloria y si quiere ceviche y esas cosas, La Mar no te falla nunca. Pero si lo que González busca es un aliado estratégico, avísenle que ni vale la pena que venga. En el Instituto Patria son todos hinchas de China, Rusia, Cuba, Venezuela, Nicaragua e Irán (del pico para fuera, obviamente). Y en la Casa Rosada se hace lo que manda el Instituto Patria.

¿Podrá el Gobierno guiñarle el ojo a González sin que se entere Putin? Yo que ellos no me arriesgaría. ¿Tendría acaso el Gobierno la astucia necesaria para engañar a González y hacerle creer que somos aliados? Lo dudo. Alberto será un león vendiendo autos usados, pero engañar a Occidente es otro fútbol. Por lo tanto, Larreta está habilitado. Fuerte, cruzado al segundo palo y a cobrar.

Al margen de todo esto, urge una pregunta: ¿cómo empezamos a dar vuelta toda esta crisis? En principio, si el Presidente tuviera dos dedos de frente, dada la gravedad de la situación, debería evitar sus exabruptos, dar el ejemplo, ser más humilde y bajarle el tono a la confrontación. Esto no sucede porque, como todo el mundo sabe, entre el “presidente” y los dos dedos de frente hay un conflicto de intereses.

Pensando más profundo, en realidad es la vicepresidenta la que podría cambiar rápida y radicalmente el escenario político con un gesto histórico. Si tuviera dos dedos de frente podría convocar al Gato a una cumbre de emergencia para encontrar algunas coincidencias y desactivar el conflicto.

Y si el Gato tuviera dos dedos de frente, debería aceptarlo. La única condición a poner sobre la mesa sería que la Constitución Nacional se respeta y no se cambia, al menos por los próximos 20 años.

No sé si el Gato tiene dos dedos de frente porque cuando tuvo su oportunidad tampoco dio ese paso histórico, pero la condición de la Constitución la aceptaría sin ninguna duda.

Cristina, en cambio, tiene problemas con las dos cosas: los dos dedos de frente y la Constitución Nacional que, en el fondo del fondo, es lo que realmente está en discusión en el país.

Mientras tanto, amigo lector, solo cabe cuidarnos entre nosotros. Estamos más solos que nunca. Distancia, barbijo, aire libre y cuidarnos de todos los pelotudos que no lo entienden.

Y a vos Juan González, si querés venir, te puedo ofrecer una visita a la Bombonera o hacerte un arroz con pollo que me sale de puta madre. Otra cosa no nos pidas.


Alejandro Borensztein

Origen:CLARIN