Contra la servidumbre voluntaria - Opinión | Diario La Prensa

Hacia 1548, cuando apenas cumplía 17 años, Étienne de La Boétie escribió: Contra Uno también titulado en otras ediciones como El Discurso sobre la servidumbre voluntaria libro que se publicó completo en 1576. El joven Étienne volcaba allí sus febriles críticas contra el absolutismo poniendo en duda la legitimidad de cualquier autoridad, obsesionado por las causas y las razones de la sumisión: ¿Cómo podemos concebir que un pequeño número obligue a todos los demás ciudadanos a obedecer tan servilmente como ellos? De hecho, cualquier poder, incluso cuando se impone por primera vez por la fuerza de las armas, no puede dominar y explotar de manera sostenible una sociedad sin la colaboración, activa o resignada, de una parte significativa de sus miembros”. 

Su tesis consistía en que la servidumbre es voluntaria y procede del consentimiento de aquellos sobre quienes se ejerce el poder”.

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BRUTALES VEJACIONES­

­Como si hubiera podido ver el futuro, los interrogantes del niño La Boétie suenan hoy muy vigentes ya que, luego de un año de brutales vejaciones a las libertades, con suspensión de lo más básico de una sociedad como el derecho a trabajar, la aplicación de justicia, la protección de los ciudadanos del accionar delictivo, la distorsión mentirosa de la función tan humana que es la transmisión de conocimientos, la prohibición de movilidad, de contacto social, de la práctica deportiva, de la disposición libre de los ahorros volvemos a aceptar un toque de queda cuyo objetivo: “proteger la salud”, se sabe que es una farsa.­

Cualquier medición de opinión que se tome, de cualquier año desde el regreso de la democracia, muestra que la confianza en los políticos es nula. Sin embargo y luego de comprobado el fracaso sanitario, el quebranto sin precedentes de la economía y del ánimo de la sociedad, los argentinos vuelven a aceptar que deben suspender sine die su vida porque lo dice el amo. ¿¡Qué no diría el joven Étienne de nosotros!? Nosotros que entregamos pasivamente toda nuestra vida a seres en los que jamás hemos confiado. ¿Le resultaría acaso fascinante la pasividad ovejuna frente a unas autoridades que dieron muestras superlativas y permanentes de corrupción e incompetencia?

Lo que inspiró a Étienne de La Boétie fue la represión de la insurrección antifiscal de Pitauds, una revuelta de campesinos franceses provocada por el decreto que extendía un impuesto a la sal. A raíz del decreto, el contrabando de sal se extendió rápidamente y en 1548 estallaron los disturbios que pedían la liberación de los contrabandistas. La revuelta fue reprimida brutalmente a pesar de la desproporción entre el número de revolucionarios en relación con los cobradores de impuestos. Étienne buscaba una explicación para el asombroso poder de las tiranías y orientaba su atención no a los tiranos sino a las víctimas de la tiranía. Su desesperación es inquietante: “Tantos hombres, tantos pueblos, tantas ciudades, tantas naciones soportan a un tirano solo, que sólo tiene el poder que le dan”.­

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HASTIO E IMPOTENCIA­

­Para La Boétie, aún cuando la gente no haya elegido estar bajo el yugo del tirano, tiene la responsabilidad moral de romper el vínculo de sumisión establecido con el déspota. Sostiene (y sorprende su fértil precocidad) que los individuos mayormente se asocian y permanecen bajo el yugo del tirano por la supuesta seguridad que se les brinda, pero que realmente se traduce en explotación. Tantos siglos después sigue funcionando la receta, se sabe que la mejor manera de que se acepten las restricciones a las libertades es justificarlas por un miedo relacionado con la salud o la seguridad. Pero esto ya pasó, pasó hace un año. ¿Cómo puede ser que se haya vuelto a lo mismo?

Tal vez esta pasividad ya no sea producto sólo del miedo. Tal vez sea algo peor, hastío e impotencia. Se puede distinguir claramente a los tiranos pero no hay con qué oponérseles y crece la sensación de soledad. Ante medidas que estadísticamente han demostrado su ineficacia la oposición ha declarado que: o bien eran necesarias o bien que no estaba de acuerdo pero acataba, ¿qué significa eso? Significa decir a los esclavos que ante lo arbitrario, ilegal, ridículo, inutil y además ruinoso sólo se puede acatar silentes.

Los esclavos saben de sobra que las reglas impuestas son absurdas, grotescas, violentas e inservibles. Lo saben porque vieron sus resultados. También saben los esclavos que los tiranos no aplicaron para sí las normas que imponen a los demás, saben que les mintieron con filminas, con las comparaciones desmentidas por cada embajada, por cada noticia internacional. Los esclavos saben que no se preparó al sistema sanitario, que no se cumplió ni una sola promesa, sabe que las vacunas fueron a los mancebos, a las cortesanas, a los familiares y no a los desposeídos de siempre.

El Estado Presente ha demostrado su inexistencia, incapaz de enfrentar no sólo la compra de vacunas sino ni siquiera de hacer cumplir con una cuota mínima de dosis a los empresaurios amigos a los que otorgaron exclusividad mientras condenaban al país que sumaba millones de pobres. A ver si se entiende: para que un amigo haga negocio retacearon el ingreso de vacunas y encima el amigo los estafó. No importa: ellos estaban vacunados. Y frente al pertinaz fracaso en todos y cada uno de los frentes, el gobierno vuelve a encarcelar a los buenos, a los obedientes, a los que trabajan, a los que pagan. Bueno, a esos la oposición les dice que sólo les queda obedecer.

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HISTORIAS DE DOLOR­

­Los esclavos están abatidos, se exilian los que pueden, quiebran los que se quedan. Todas las historias son de dolor. Los esclavos se sienten impotentes. A lo largo de un año vieron como se desintegraba la dignidad, la credibilidad y la consistencia de la “expertocracia mediática omnipresente”. Quienes recomendaban cuarentenas al principio, terminaron diciendo que no habían dicho lo que con claridad todos habíamos oído. Quienes prometían la inmunidad vacunatoria terminaron diciendo que no había vacunas o que valían un glaciar. Les juraron que salían mejores y un año después están más pobres, más enfermos y, de nuevo, impotentes y desesperanzados. Ahora sabemos de la baja mortalidad, ahora hasta la información oficial muestra que no faltan camas, ahora sabemos más, deberíamos estar más tranquilos, pero esto no trajo alivio: los esclavos se olvidaron de su vida anterior y tienen miedo a morir y a vivir. ¿En quién creer?­

El Estado siempre va a utilizar las crisis para justificar y ampliar sus poderes, aún cuando sea fuente y origen de esas mismas crisis. Fomentan el pánico porque es el caldo de cultivo para que los esclavos, ehhhh… los ciudadanos, se muestren receptivos a entregar libertades, a aceptar restricciones. Tiene lógica que los políticos (que son los que manejan al Estado, que no es un dios, nunca está de más aclararlo) intenten consolidar la emergencia que justifica que gobiernen en la excepcionalidad. Es absoluta y terminalmente imposible que la política vaya a abandonar por su propia voluntad el estado de excepción, nadie se despide a sí mismo. ­

¿Cómo están avanzando? Hay una última actualización en la app del tirano 2.0, que está normalizando que el Estado nos diga cómo vivir dentro de nuestra casa, a cuántas personas invitar, hasta qué hora y a qué distancia permanecer. Y porque aceptamos que es una situación extraordinaria (manipulada desde el mismo Estado) es que la política se ha arrogado potestades extraordinarias sin que tengamos ya ni la pulsión de ponerles límite. En un año no fuimos capaces de evitar que lo excepcional se convierta en normal. ­

Si la política merece un rescate, la demanda debería venir de la sociedad. Sólo entenados e incautos pueden seguir irreflexivamente los esloganes vacíos de quienes dirigen la facción de su preferencia. Esta semana en la que el oficialismo forzó hasta lo indecible la ignominia el fanatismo ideológico impidió que la sociedad reclame a la dirigencia el fin de la tortura. Argentina está en modo avión, resignada a una clase política dedicada exclusivamente al  tacticismo electoralista. Ni un alivio a los esclavos, ni una propuesta, ni una expectativa.­

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LA GRIETA UTIL­

­En este año electoral se van a usar de nuevo las mismas tácticas que la polarización hace que sirvan para todas las guerras. Los partidos tradicionales y las coaliciones electoralistas ven al caudal de votantes como un juego de suma cero. Creen que si suman partidos y anulan opciones el votante tendrá forzosamente que votarlos. Por eso no les importa no generar la menor expectativa. Por eso se sucede ante nuestros ojos un hojaldre de escándalos mientras vemos al oficialismo y a la oposición sacarse tiernas fotos y confesar que se mandan mensajitos por whatsapp. Por eso se sientan orondos a debatir si pueden o no dejarnos sin fechas electorales. ¿Qué les impediría, por caso, dejarnos sin elecciones? Está comprobado que aceptamos pasivamente todo si nos lo dice el político correcto. Se están aprovechando de la resignación, como hace un año se aprovecharon del miedo. Un año en donde la casta no perdió el trabajo y donde tuvieron el tupé de aumentar los impuestos. Un año de burlarse en nuestra cara.­

El manuscrito de Étienne de La Boétie El Discurso sobre la servidumbre voluntaria estuvo deambulando durante mucho tiempo. Una copia fue conservada por Michel de Montaigne y se volvió un mito, objeto de culto de personajes especialmente interesados, eso que hoy llamamos el círculo rojo. De hecho, durante años se trata de páginas sueltas que obsesionan al Cardenal Richelieu, se entiende que no con las mejores intenciones. Pero era un texto marginal, sólo escrito para unas pocas almas libres, escondido de los espías de Richelieu. Casi dos siglos después lo rescata Jean-Paul Marat homenajeándolo (las malas lenguas le dicen plagio, pero rescate al fin) en Les chaînes de l’esclavage. En 1724, en Ginebra, se publica completo como Discurso de La Boétie. Las cosas no maduran hasta su estación, decía el Bardo de Avon, inquietantemente contemporáneo del niño Étienne.

La torpeza de la política es no comprender lo que ocurre más allá de sus narices y no entender lo que tarde o temprano va a madurar. En vez de utilizar su poder para escuchar los padecimientos de los votantes, se abocan a una agenda imbécil, anodina y  procrastinadora. Eluden su responsabilidad forjando acuerdos que se apestan entre los pliegues del defectuoso sistema electoral. Exacerban defectos burocráticos al servicio de intereses de la peor especie. Nada que genere una mínima esperanza mientras mueven sus piezas en el jenga electoral. En plena crisis sanitaria y económica la política nos manda a obedecer al tirano, aprovechándose del hastío e impotencia y de un sistema electoral lleno de vicios que utilizan al servicio de compromisos inconfesables. ­

Cuando el carcelero es quien considerabas tu amigo el tirano lo tiene fácil. El bazar político derivado de un sistema electoral augura un triste futuro. La pandemia debió haber servido para que los esclavos cayeran en la cuenta de lo esteril, ocioso y corrupto de la administración estatal y de la incondicional inoperancia de sus pomposos servicios. Pero un año después, las hordas de sometidos vuelven a calificar de egoístas e irresponsables a los que se oponen al toque de queda. ­

En estos tiempos tan desolados, es bueno recordar el texto de La Boétie. El niño murió sin siquiera saber que habría de ser publicado. Pero se opuso a la tiranía, dijo (aunque lo escucharon casi dos siglos después) NO. Nunca, en la historia de la humanidad, la opresión triunfó del todo, en los momentos del consenso más totalitario siempre hubo voces disidentes y a la postre fueron útiles. La lucha contra la pasividad de los esclavos, aunque sea solitaria, sirve. Porque es buena.­

Origen: laprensa.com.ar