MI OPINIÓN

La madrugada del 22 de junio de 1941, Adolf Hitler (1889-1945) daba inicio a la Operación Barbarroja, la mayor ofensiva militar que había visto la historia hasta ese momento. Tras un sorpresivo bombardeo de la Luftwaffe, cuatro millones de soldados y cinco mil vehículos blindados cruzaron las fronteras de la Unión Soviética.

Las unidades motorizadas avanzaban primero, en ocasiones, dejando atrás a las tropas enemigas, que ya serían liquidadas en retaguardia por la infantería. La prioridad era ganar terreno y no dar tiempo para reaccionar al enemigo. Era la guerra relámpago. Atrapadas entre las columnas alemanas, muchas unidades se rindieron sin combatir.

Hitler, por su parte, estaba tan confiado que esperaba que Moscú cayera antes de Navidad, por lo que ni siquiera equipó a sus tropas con uniformes de invierno. Un error colosal, puesto que cuando llegó diciembre, aunque cercada, la capital todavía resistía.

En esos días, un soldado tiritaba de…

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