Cumbre Iberoamericana - Wikipedia, la enciclopedia libre

Salvo contadas excepciones las reuniones de altos funcionarios públicos de diferentes países o de organismos internacionales como Naciones Unidas, tienden a no ser productivas, siempre quedan por debajo de las expectativas que generan sus propios patrocinadores y por lo regular hay más ruidos que resultados, como se aprecia fácilmente cuando concluyen cualquiera de esos eventos. 

No obstante, a pesar de esa poca efectividad son las Cumbres Iberoamericanas las que tienen un mayor acumulado de objetivos incumplidos o escasamente verificados, algo fácil de apreciar por la escasa importancia que les confieren en la actualidad a estos eventos los países miembros.  

Las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno tuvieron varios promotores, pero entre los más destacados se encuentran Felipe González, España, y Carlos Salinas de Gortari, México, dos personalidades notables que sin dudas buscaron que los foros tuvieran relevancias y resultados importantes para los países participantes, pero que realidad han aportado muy poco al desarrollo económico, pero todavía menos, al fortalecimiento de la democracia y la justicia que merece todo ser humano. 

Bajo la sombra de las Cumbres surgieron entidades desestabilizadoras como el Foro de Sao Paulo y se fortalecieron propuestas antidemocráticas como las del denominado Socialismo del Siglo XXI, pero lo más lamentable de toda esta gestión fue que un régimen autocrático como el cubano,  que pasaba de los 30 años en el poder, participara en estos encuentros con la misma autoridad del recién estrenado mandatario chileno Patricio Alwyn y el argentino Carlos Menen, representantes de dos naciones que habían dejado atrás dictaduras militares.  

Si como dicen algunos, los pueblos son merecedores del gobierno que los representa, las instancias internacionales tienen una responsabilidad al aceptar en foros y congresos a los gobernantes que no han sido elegido democráticamente, los súbditos pueden ser presas del miedo o controlados por las autoridades, pero el demócrata jefe de Estado que obvia la falta de legitimidad de otro jefe de Estado no es genuino. 

Felipe González dijo en la Cumbre de Madrid, “No queremos ni presos políticos ni exiliados políticos en nuestra comunidad”, en momentos en los que tenía pleno conocimientos que el castrismo tenía más de un millón de exiliado y miles de presos políticos, una doble moral que ya fuese por razones ideológica, simpatías personales o porque creía que su bonhomía iba a seducir a Castro para que iniciara una apertura democrática en la Isla. La conducta de González no fue por error, sino consecuencia de la aberración de quienes quieren para sí mismos formulas políticas en las que se disfrutan de plenos derechos y para los “otros”, como si fueran humanoides, una sociedad menos justa.  

Si un político debía conocer a plenitud la situación cubana era González. Viajó a Cuba con frecuencia y como si fuera poco había sufrido directamente la dictadura de Francisco Franco. Estaba informado, pero prefirió auspiciar una política condescendiente con una tiranía que hacia padecer a millones de personas sus injusticias, otro tanto se puede decir de Salinas de Gortari.  

Las cumbres en realidad son espectáculos para los soberanos de la democracia, porque, aunque resulten electos por el voto popular, la mayoría de ellos cuando acceden al poder se comportan como monarcas todopoderosos que buscan perpetuarse en sus respectivos gobiernos y tomar decisiones que favorezcan sus propósitos.  

En realidad, estas Cumbres fueron particularmente útiles a tiranos como Hugo Chávez y Fidel Castro, aunque el presidente argentino Carlos Menem fue enfático cuando dijo“La opción libertad sin desarrollo o desarrollo sin libertad es falsa”, y “que nada nada se puede construir al margen de la libertad”, palabras que no tuvieron efecto ni en Cuba ni Venezuela.  

Tanto Castro como Chávez, usaron estos escenarios para reiterar sus voluntades faraónicas y como dijo el indescriptible Felipe González sobre Fidel Castro, siempre será el invitado más popular de cualquier foro «porque ha descubierto un truco perfecto: hace denuncias de la injusticia y declaraciones de principio. Nunca da respuestas. Así, siempre será aplaudido», algo que paso por alto el rey Juan Carlos I cuando le dijo a Hugo Chávez, ¡porque no te callas!, preguntas que no le hizo a Castro, que fue sin dudas el gobernante que mas estupideces ha dicho en todas las Cumbres.  

Pedro Corzo