De la mano del libre mercado, el PIB per cápita europeo se multiplicó por 17, creciendo 9 veces más rápido que en la etapa pre-capitalista.

Rainer Zitelmann

Antes del desarrollo del capitalismo, la mayor parte de la población mundial vivía en la más extrema pobreza. Sin embargo, el porcentaje de personas en esa situación ha caído del 90 al 10 por ciento durante los últimos doscientos años. Lo más notable de este desarrollo es que, desde el fin del comunismo en China y otros países, la pobreza ha disminuido más rápido que en cualquier otro período de la historia de la humanidad. Es un cambio muy significativo, que se ha dado en unas pocas décadas

Hay muchas personas que creen equivocadamente que el capitalismo trajo el hambre y la pobreza al mundo. A menudo, quienes tienen esta visión albergan también una mirada completamente irreal de cómo era la vida en las sociedades pre-capitalistas. Johan Norberg, autor del libro Progreso, llegó a ser un militante anti-globalización en sus años de juventud. Sin embargo, es el primero en reconocer que jamás pensó cómo vivía la gente antes de la Revolución Industrial que sentó las bases del capitalismo global. En su mente, la vida antes del libre mercado era algo así como la vida moderna en el campo.

Fernand Braudel, un célebre historiador francés, ha escrito una obra definitiva sobre la evolución social de los siglos XV al XVIII. Según explica, la dieta de las personas consistía principalmente en gachas, sopa y pan hecho con harina de baja calidad, que se horneaba en lotes cada dos meses y a menudo tenía moho y resultaba tan duro para comer que solo se podía cortar con un hacha.

La mayoría de las personas, incluso en las ciudades, tenían que sobrevivir con 2.000 calorías al día. Los carbohidratos representaban más del 60 por ciento de ese total. La dieta consistía en comer pan, pan y más pan, o quizá papilla y avena, a lo largo de toda la vida. La gente de aquel tiempo era delgada y de baja estatura puesto que su cuerpo humano se había adaptado a una ingesta calórica claramente insuficiente.

Algunas personas se entusiasman ante el mito de un armonioso mundo pre-capitalista, en el que todo iba más “lento” y había más “seguridad” y “felicidad”. Sin embargo, la “lentitud” inherente de aquellas épocas anteriores al libre mercado se debía, entre otros factores, a la desnutrición crónica. Hace ahora dos siglos, alrededor del 20 por ciento de los habitantes de Inglaterra y Francia carecían de la menor fuerza para trabajar y apenas podían caminar con lentitud un par de horas al día. Por eso, muchos de ellos caían en la mendicidad y la pobreza más abyecta.

En cuanto a las “propiedades”, la mayoría de las personas solamente contaba con unos pocos objetos de escaso valor: sillas o taburetes, bancos, barriles que hacían las veces de mesa… y poco más. Si esta era la situación en Europa Occidental, donde había una mayor riqueza que en otros rincones del mundo, uno puede imaginarse cómo eran las cosas en otros países.

Creo que todo lo anterior nos ayuda a comprender mejor lo que significa el hecho de que el 90 por ciento de la población mundial viviese en la pobreza extrema hasta el surgimiento del capitalismo. En otras partes del mundo, los niveles de vida eran mucho peores que en Europa Occidental.

El economista británico Angus Maddison, que se especializa en analizar series largas, ha empleado varios cálculos complejos para estimar el Producto Interior Bruto per cápita de varios países a lo largo de la historia. En la Europa Occidental de 1820, este indicador apenas alcanzaba los 1.202 dólares internacionales (es decir, dólares con valor de 1990). La cifra era similar en otros países con mayor desarrollo, como Australia, Canadá, Estados Unidos o Nueva Zelanda. En el resto del mundo, el PIB per cápita era de apenas 580 dólares internacionales, aproximadamente la mitad.

El impacto del capitalismo en el bienestar de las personas resulta evidente al hacer una comparación histórica más larga. En año I después de Cristo, el PIB per cápita de la Europa Occidental era de 576 dólares internacionales, algo por encima del promedio global, de 467 dólares internacionales. Eso significa que, en Europa, el PIB per habitante tardó dieciocho siglos en duplicarse. En cambio, en los últimos doscientos años, de la mano del capitalismo, el PIB per cápita ha subido de 1.202 a 19.912 dólares internacionales (es decir, se ha multiplicado por diecisiete a una velocidad nueve veces más rápida). Para el conjunto de las economías desarrolladas de Occidente, el salto fue aún mayor, hasta los 23.710 dólares de PIB per cápita medio.

Pero ese progreso no se produjo en otras partes del mundo. En Asia, por ejemplo, en los 153 años comprendidos entre 1820 y 1973, el PIB per cápita solo creció de 691 a 1.718 dólares internacionales. Sin embargo, en los 30 años que van de 1973 a 2003, esta métrica se elevó de 1.718 a 4.344 dólares internacionales.

¿Qué pasó para que se produjese semejante salto? Los increíbles desarrollos que vivió Asia se deben, principalmente, al hecho de que China introdujo progresivamente los principios del libre mercado. Las reformas empezaron después de la muerte de Mao Zedong, en 1976. En el año 1981, hasta el 88 por ciento de la población china vivía aún en la pobreza más extrema. En cambio, hoy vemos que ese porcentaje no llega al 1 por ciento. Nunca en la historia del mundo vimos cómo, en un periodo de tiempo tan corto, cientos de millones de personas salieron de una miseria abyecta y pasaron a figurar entre la clase media del gigante asiático.

El capitalismo ha hecho más para superar el hambre y la pobreza que cualquier otro sistema conocido por el hombre a lo largo de la historia. Las hambrunas más devastadoras que ha causado la mano del hombre en los últimos cien años ocurrieron, de hecho, bajo el socialismo. Solo en la década de 1930, entre 5 y 9 millones de personas murieron en la Unión Soviética por las hambrunas que trajo la colectivización socialista de la agricultura. El fin del comunismo en China y la Unión Soviética fue un factor crucial en la reducción del hambre. Entre 1990 y 2017, la incidencia de la desnutrición se redujo un 42 por ciento en todo el mundo. En Corea del Norte, en cambio, vemos que cientos de miles de personas murieron en las hambrunas que provocó el comunismo, sobre todo entre 1994 y 1998.

El Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation revela que los países más capitalistas del mundo tienen un PIB per cápita promedio de 71.576 dólares. Este indicador es de 47.706 dólares en los países con un grado medio-alto de libertad económica. En cambio, en los países con una apertura “media-baja” al mercado, esta variable es de apenas 6.834 dólares, mientras que los países con economías “cerradas” al capitalismo solo obtienen un PIB per cápita medio de 7.163 dólares.

Rainer Zitelmann es empresario, doctor en sociología e historia y escritor de éxito. Su último libro acaba de publicarse en España: El capitalismo no es el problema, es la solución (Unión Editorial, 2021). Artículo publicado originalmente en inglés en el Washington Examiner.

Origen:libremercado.com