Marcelo Figueiras, el titular del laboratorio Richmond que negoció con los rusos de Sputnik su producción local, dijo que “el gobierno se enteró después de que yo hice esto” y juró que nadie del oficialismo le abrió el puente con los hijos de Putin para embotellar acá esa vacuna que no permite entrar a Europa pero un mes antes, el 20 de abril, el ministro de salud bonaerense Daniel Gollán aseguró en la Televisión Pública que “era un proceso secreto, venimos desde el primer día trabajando con Figueiras: le dimos el dato de que laboratorios argentinos podían producir la Sputnik y se fue rápidamente a Moscú”, o sea traducido del castellano al peronismo: “acá hay un curro, agarralo y vamo’ y vamo’”; ¿a quién creerle si el ministro dice que le avisaron que el negocio estaba preparado para hacerse (y compartirse) y el dueño de la empresa dice que no le dijeron nada y fue su propio emprendimiento?; más aún ¿cuánto a apriete suena que el ministro ponga en evidencia que hay un “aviso previo” con olor a curro? y para agregar suspicacia al tema Figueiras al momento de arreglar con los putines no tiene no sólo una planta para producir la vacuna ni siquiera una empresa que permita el embotellado; la tercerizó a MR Pharma, lo cual habilita a preguntarse ¿por qué los rusos eligieron a un laboratorio con tan escasa logística, que sólo en el mejor de los casos comenzará a producir allá por finales del ‘22 o sea, cuando el mundo esté no sólo lleno de vacunas sino además de las que permitirán combatir las nuevas cepas?, ¿cuan mal pensado hay que ser para imaginar que un dedo de la administración argentina señaló Figueiras a los rusos y así le dijeron con quién convenía -vaya uno a saber a quién- hacer negocios y siga, siga, todos felices?; en todo caso lo que el bueno de Figueiras sí está haciendo es un Fideicomiso, el proyecto Vida (Vacuna de Inmunización para el Desarrollo Argentino) -el nombre parece salido de una tira de Cris Morena- para juntar los 85 millones de dólares que hacen falta para levantar la planta y que, según Carlos Pagni en “La Nación” lo tuvo a Figueiras -que ahora que me acuerdo fue mi jefe cuando era dueño del diario “Crítica” que dirigía Jorge Lanata y se enojó porque no quise comentar en la sección literatura un libro que él trajo en persona y que insistía en que criticáramos favorablemente y yo resistía porque creía que no valía la pena y la crítica salió igual y como no soy rencoroso me olvidé y ni siquiera me acuerdo que el libro era “Hombre rico, hombre pobre”, tapa violeta, letras en amarillo y blanco- lo tuvo a Figueiras, marido de la ex senadora kirchnerista María Laura Leguizamón, decía, visitando empresarios con la simpática frase de “Cristina vería con muy buenos ojos que te comprometas”, algo así como “le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar” porque los códigos de “El Padrino” son los que mejor maneja la administración y esto quedó tan claro el martes pasado en el Congreso nacional cuando el gerente general de Pfizer Argentina, Nicolás Vaquer, dijo lo que todos sabíamos antes de que hablara, y lo sabíamos no sólo porque se había publicado sino, especialmente, porque la administración lo había negado y una de las pocas cosas que se cree en Argentina es aquella que la administración niega; esa misma mañana el diputado Pablo Yedlín le gritó a Marcelo Longobardi que jamás Pfizer había ofrecido 14 millones de vacunas y, claro, nada más confirmado que lo que un legislador K, el Nieto del Estado, Filomena, o Télam del Norte desmienten, y lo que quedó claro es que la administración planteó en su momento una ley para comprar las vacunas, la 27.573, y como había cláusulas y negociaciones confidenciales, la oposición aceptó, temerosa de quedar como poniendo palos en la rueda de eso que podía salvar la vida de tantos compatriotas y las cláusulas confidenciales sólo son conocidas por el Poder Ejecutivo, ahí donde la oposición no está por expreso pedido de los votantes, y sí están Cristina Kirchner, la pareja de Fabiola y toda la pandilla, también por expreso pedido de la población argentina que los eligió para eso hace menos de dos años, pero la diputada Cecilia Moreau tiró la palabra “negligencia” en el medio de la ley y ahí se armó el despelote, por favor que nadie venga a hablar de ideología porque eso es pintar con cierto aire de idealismo lo que no suena mucho más que a un curro, porque los laboratorios internacionales no son Figueiras pidiendo que critiquen un libro porque el diario es suyo, son empresas ladinas, lobbystas profesionales con todos los yeites para el contubernio, pero que deben responder en sus países con estrictas normas legales, entonces la palabra “negligencia” cumplió su principal objetivo: sacar del medio cualquier negociación que exigía transparencia y permitir entregarse a los brazos del amigo Hugo Sigman, el facilitador de Astrazeneca, un señor con tanta suerte que en 2009 recibió un llamado del ex ministro de ciencia, tecnología e innovación Lino Barañao quien le tiró la onda para que fabricara la vacuna contra la Gripe A y en esa charla estaba también el ex ministro salud Juan Manzur -amigo de Yedlin- que lo llevó a ver a Cristina Kirchner y después de eso Sigman ganó una licitación para venderle la vacuna contra la Gripe A al país y que hoy sigue siendo el proveedor de ésa, más la de neumococo y HPV a través de Sinergium y que muchos años después, ahora, tuvo lo que él llamó “el acompañamiento moral y afectivo del ministro Ginés González García” a quien, por supuesto, como Figueiras, recién avisó que estaba en el negocio de la vacuna del Covid “cuando el acuerdo estaba bastante avanzado” a pesar de que con Ginés se conocen desde cachorros, cuando iban juntos al Nacional Nº17, porque ¿alguien puede ser tan desconfiado y pensar que como con la vacuna de la gripe A, el gobierno peronista haya llamado a Sigman en secreto y después le haya hecho ganar una licitación?, ¡nadie puede pensar eso! y esa es la razón por la cual no se leen muchas críticas a don Sigman; en realidad por eso y porque don Hugo ha evolucionado mucho desde su juvenil paso por el partido comunista y hoy es un súperarchimillonario que produce granos, leche, carne, madera con Garruchos Agropecuaria, Pomera Maderas y Cabaña Los Murmullos y fue editor de la Revista Tres Puntos, TXT, Le Monde Diplomatique y Review -porque todo empresario amigo de licitaciones públicas adora tener contactos “fluidos” con el periodismo y si es progre, mejor y no hay periodista progre que se niegue a hacerse amigo de un archimillonario que siempre te puede auspiciar un programa en el cable o una página de internet- y además, porque como el arte siempre queda bien y refuerza lazos con la intelectualidad nacional, con su productora Kramer & Sigman Films produjo “El Ángel”, “Retratos Salvajes” y “La Odisea de los Giles”, entre otras películas y está a punto de estrenar “El Eternauta” en Netflix porque si la vas a hacer, hacela bien y vamos por todo por lo cual evidentemente será difícil encontrar dentro de la perfumada colonia artística o intelectual alguna crítica a don Sigman y así como en 2015 fue aportante de la campaña de Mauricio Macri, en 2016 tuvo que explicar cómo le aparecieron 287 kilos de pseudoefedrina vencidos en un depósito de Ezeiza y volviendo al tema del congreso la palabra “negligencia” colada por Cecilia Moreau en la ley podría hacer pensar a cualquier escamado que no era un inconveniente insalvable para Astrazeneca ni para los chinos ni para los rusos: con el laboratorio inglés no habría problemas porque el que firmaba los contratos era el amigo argentino y para rusos y chinos tampoco era un problema ya que ahí no eran laboratorios los que firmaban sino que era una cuestión “de Estado a Estado” y decime si Putin o XI Jinping no son lo suficientemente opacos como para firmar y vamos viendo; la palabra “negligencia” cumplía su cometido porque estaba en la ley pero no en los contratos, o sea, estaba en las leyes públicas pero lo sacamos en las oficinas secretas, entonces se aseguraba “no te preocupés, la ley lo dice pero en el contrato no lo ponemos”, esa maravillosa muestra de ambigüedad y puerta abierta al curro que deja cada acción de la administración peronista, siempre, claro, según los escépticos, gente mala y sin corazón, y mientras la barrera puesta por la ínclita Moreau dejaba pasar a los amigos de Sigman, de Ginés, de la pareja de Fabiola, del Patria y de los Kirchner, impedía el acceso a los laboratorios que no podían escapar a sus propias revisiones internacionales, todo lindo y maravilloso con 60 millones de dólares que se le pagaron a Sigman y con 60 millones que no se le pagaron a Pfizer para ahorrar según dijo el Nieto del Estado, claro que el muchacho de la cintita roja en la muñeca dijo el 1 de junio, en el Senado que “el Ministerio de Salud informa que no rechazó una oferta de 14 millones de dosis que hubieran sido entregadas prácticamente al costo del laboratorio Pfizer, ni a mediados de julio del año 2020 ni en ninguna otra oportunidad”, como le gritó Yetlin a Longobardi por radio dos horas antes que el gerente general de la empresa con la que está obsesionada Filomena Vizzotti, Nicolás Vaquer, dijese el 8 de junio, también en el Congreso que “se ofrecieron 13,2 millones de vacunas a ser entregadas a partir de diciembre de 2020, un millón antes de fin de año de 2020; 2 millones durante el primer trimestre y el resto durante el cuarto trimestre”; otra vez el empresario privado dice una cosa sobre una negociación y el representante del Estado en esa misma negociación, dice otra, como en el principio de esta nota ¿a quién creerle? ¡qué intríngulis! sin embargo más extraño aún es cuando el mismo administrador dice o hace dos cosas contrapuestas y en esto la Pareja de Fabiola se lleva todos los premios porque en una charla casi de Polémica en el Bar -a propósito, ahora que lo echaron a Horacio Cabak habría que decirle al dueño de Dylan que hay una silla vacía, que se postule, sus comentarios no deslucirían en la mesa de Mariano Iudica- dijo que no firmó con Pfizer porque lo ponían en una situación muy violenta de exigencias pero después nos enteramos que en el contrato de Astrazeneca aceptó la cláusula que dice que “El comprador -el Estado argentino- renuncia, expresa, incondicional e irrevocablemente, con respecto a sí mismo y a sus activos, a cualquier derecho de inmunidad bajo las leyes de cualquier jurisdicción sobre la base de la soberanía o de otra manera que pueda existir ahora o en el futuro, y acuerda no hacer valer ningún derecho o reclamo en ninguna acción o procedimiento legal, donde sea que ocurra dicha acción o procedimiento. Esta renuncia incluye la renuncia a cualquier derecho de inmunidad soberana en cuanto al comprador y cualquier propiedad suya, ya sea comercial o no comercial, incluida cualquier cuenta bancaria que pertenezca al comprador”, o sea, si sos Astrazeneca vení y sacame las cataratas, acá tenés los glaciares, haceme tuya pero si sos otra que no tenga acercamiento a curro propio, vete de mí; un bolero hecho y derecho que a la administración le da buenos resultados porque todavía uno se encuentra por ahí con fanáticos con los dedos en V que aseguran que se querían llevar los glaciares o las cataratas cuando ya los otros 116 países que arreglaron con el laboratorio que nos obsesiona según Filomena, demostraron que no era así y hasta el ministro de salud de Perú, Oscar Ugarte desmintió a la diputada Moreau y lo que queda es la diputada kirchnerista Mara Brawer diciendo “no necesitamos la vacuna Pfizer” sentada sobre 85.000 cadáveres, gritando una ideología que no es tal porque no es tan progresista y porque ni siquiera les interesa, les interesa sólo decir que hacen, torturar los datos para justificar abrir las escuelas porque las encuestas les dan pésimo y siguen creyendo que la impunidad es para siempre y que nunca ni Dios ni la patria ni ninguno de todos estos sufridos argentinos se lo demandarán pero están muy equivocados porque, por más que antes no se haya esto, por más que hayan llegado hasta acá con mentiras, robos y venganzas esta vez no será igual, tanto desmadre ha despertado a muchos, y desde los chats de mami hasta los memes están anunciando que sí, que esta vez tendrán que pagar, porque es claro, esta vez vamos a hacer lo que deberíamos haber hecho hace mucho y no hicimos, esta vez pondremos un punto final.

 

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