NUEVOS APUNTES DE UNA PERIODISTA
ANGELICA MORA
NUEVA YORK

El presidente de Chile, Sebastian Piñera, dio el “vamos” a la convocatoria de la Convención Constitucional, iniciando así los preparativos para los cambios en la Constitución del país que se realizarán a partir del mes de julio próximo.

Una de las cláusulas especifica que el Gobierno de Piñera y el poder Legislativo no tomarán parte en las reuniones y los que decidirán el futuro de la nación serán los 155 miembros electos recientemente para realizar esa tarea.

El decreto, firmado por el Mandatario chileno estableció la fecha, hora y lugar de las jornadas, que cambiarán la Carta Magna de Augusto Pinochet.

Se le reprocha a Piñera haber cedido a las demandas de manifestantes y terroristas, durante lo que se conoció como “el estallido social”, que se inició con los incendios de las estaciones del Metro de Santiago en octubre de 2019.

Un año más tarde, un plebiscito nacional decidió, por una abrumadora mayoría -78%- aprobar el cambio a la Constitución, que fue redactada en 1980 bajo el régimen militar de Augusto Pinochet.

Luego del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, la Constitución de 1925 fue suspendida dando origen a “La Nueva Carta Magna de Pinochet”, que trajo un auge en la economía chilena.
“Diría que en 2005 (la Constitución) ya quedó purgada de los enclaves autoritarios”, opinó Gilberto Aranda, profesor del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile.

Pero, aunque fue modificada varias veces, el actual texto constitucional sumaba varias críticas:
No solo se le cuestionaba por ser “herencia de Pinochet”, sino también porque -dicen- consolidaba un papel residual del Estado en la provisión de servicios básicos en salud, educación y pensiones, entre otros.

Sin embargo, para entender la dinámica de la política chilena, habría que analizar a fondo cómo la izquierda prometió venganza al asumir Sebastían Piñera la presidencia, e incluso habría que remontarse al principio del propio Pronunciamiento Militar de 1973.
La izquierda no descansa. El adoctrinamiento de los jóvenes chilenos ha existido siempre, pero se intensificó desde momento mismo del Golpe.
Esto, unido y exacerbado por la pobreza de vastos sectores de la sociedad y la mala distribución de la riqueza, dio origen a las violentas protestas de hace dos años, que trayeron como corolario el plebiscito y ahora el cambio en la Constitución.

Habría que ver, como la antigua ley fundamental de Pinochet, que fue reformada varias veces durante los últimos 30 años de democracia, se verá afectada en lo económico y social por esta Nueva Constitución.