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El canciller Solá está de viaje y, como los demás que se fueron, debe tener problemas para volver.


Más vale tarde que nunca. Al “presidente” le llevó 7 meses tomar una decisión que el resto del mundo resolvió de entrada y en un minuto. La demora en autorizar vacunas americanas costó miles de muertos e ignoró a 300.000 niños con patologías que debían recibir la única vacuna aprobada para menores, al menos por ahora. Tal vez Alberto estuvo ocupado en otros asuntos más importantes o quizás el Instituto Patria no le daba permiso o simplemente el tipo es así y chau. Valoremos que al final lo hizo y, como venimos diciendo, tendamos un gigantesco manto de piedad. Es lo que votamos. Muzzarella.

Cabe pensar también que algo falla en ese grupo de hombres y mujeres que lo rodean y asesoran. Lo que en EE.UU. se denomina “los hombre del Presidente” y cuya imagen se sintetiza en esa foto en blanco y negro del Salón Oval nublado por el humo de los cigarrillos, con unos tipos en camisa y corbata floja, alrededor del Presidente Kennedy, mientras deciden sobre la crisis de los misiles en Cuba. O la foto del presidente Johnson discutiendo la guerra de Vietnam. No hay fotos de la versión más famosa de esa escena: Nixon y sus hombres debatiendo Watergate. Pero sí hay película: “Todos los hombres del Presidente”, con Robert Redford y Dustin Hoffman, que en 1977 ganó cuatro premios Oscar.

Acá en la Argentina, en el cuarto gobierno kirchnerista, el equivalente a la imagen de “los hombres del presidente” es Ginés González García con su exhausta remera de Hugo Boss sujetando abdominales infructuosamente, sentado sobre una banqueta en una vereda madrileña y tomándose un vinito después de los 90.000 muertos. Nada de esto es divertido, pero todo es cierto.

Intentemos remontar esta nota con un pedido de solidaridad para otro de los hombres del presidente: el canciller Felipe Solá que está de viaje por el mundo y que, como los demás cipayos que se fueron, debe tener severas dificultades para retornar.

Conociendo su integridad como político, nadie puede pensar que Solá sea capaz de chapear con su cargo de funcionario, saltearse la cola y pretender volver antes que el resto de los varados. Pero tampoco podemos darnos el lujo, como sociedad, de tener un canciller que ande mendigando casa y comida por el mundo, por más idiomas que maneje. Hay que hacer una excepción y traerlo.

Para eso es bueno recordar lo más saliente de su trayectoria: fue secretario de Estado de Menem entre el 1989 y 1999, o sea apoyó los indultos a los genocidas y las privatizaciones (de ahí seguramente viene su afinidad con Cristina y Alberto que también jugaban en ese equipo memorable), luego fue gobernador de la PBA con algunos problemitas de represión en el Puente Pueyrredón, después en 2008 fue uno de los diputados que en la pelea de la 125 apoyó a los oligarcas agropecuarios terratenientes extranjerizantes (obvio, él es uno de ellos) y finalmente en 2009 armó una alianza política de cipayos con Macri y De Narváez para derrotar al líder hotelero Néstor Kirchner.

Con toda esta data, es posible que Florencia Carignano, directora de Migraciones y ferviente militante k, suponga que el canciller Solá es el campeón mundial de los cipayos, lo meta último en la lista de autorizados a volver y lo obligue a pasar los próximos años sembrando cebada en Ohio. Ella debe pensar así porque es joven y no sabe que estos kirchneristas de hoy y aquellos menemistas de ayer, son la misma gente pero más vieja y más rica.

Sin embargo hay que valorar que Felipe cambió y hoy es un cuadro revolucionario latinoamericano como no se veía desde la época de John William Cook. Se merece que lo suban a la business de un American Airlines lo antes posible.

Puede ser que si uno escarba mucho, en el fondo Solá siga siendo el mismo cipayo de siempre y cuando apoya a Venezuela y a Nicaragua lo hace obedeciendo órdenes de Cristina. Ella admira a Maduro, a Putin, a Ortega y a la esposa de Ortega. Y al mismo tiempo desprecia a la hija de la esposa de Ortega que fue violada durante años por el marido de la esposa de Ortega, que es justamente Ortega. Evidentemente, a la estrategia geopolítica kirchnerista se le traspapeló el detallecito de la hijastra.

Ante la duda sobre el tema de Solá, tomemos la famosa frase de Roosevelt dicha en el Salón Oval juntos a sus “hombres del presidente” cuando, refiriéndose a otro dictador de Nicaragua, dijo: “Somoza será un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Esperemos que el Instituto Patria y Carignano comprendan que Felipe será un cipayo, pero es nuestro cipayo.

Aclarado el punto y deseando el pronto retorno del Canciller, hay dos noticias sanitarias para comunicar. Una buena y una mala.

La buena es que está probado que la vacuna Sputnik no transforma a quien la recibe en una bestia peluda. El Instituto Gamaleya analizó las recientes declaraciones de Carlos Zannini, otro de los hombres del presidente, cuando dijo “las víctimas de la AMIA temen que se sepa la verdad” y concluyeron que semejante barbaridad no tiene ninguna relación con la Sputnik que Zannini se dio de canuto con su jermu. La vacuna anda fenómeno y el tipo es así desde mucho antes de aplicársela. De hecho, participó del Memorándum por el que está siendo juzgado y que Alberto definió como el “pacto presidencial de encubrimiento”. Siempre es lindo encontrar la oportunidad para recordarlo.

La mala noticia es que no levantamos cabeza en el Campeonato Mundial de Vacunación. Seguimos en el puesto 61 con 47 dosis aplicadas cada 100 habitantes (38% de la población con una dosis y 9% con dos) y no podemos descontar la distancia a los punteros.

A propósito, aplauso, medalla y beso para nuestros hermanos chilenos y uruguayos. Chile alcanzó la punta del campeonato con 120 dosis cada 100 habitantes superando a Israel que tiene aplicadas 119. Increíble, huevón. Los sigue Reino Unido con 117 dosis y Uruguay viejo nomás, haciendo historia con 115 arriba de Canadá (100) y EE.UU. (99).

Además de la humillación porque los chilenos nos triplican, los uruguayos nos duplican y algo más, y los brasileños con Bolsonaro siguen arriba nuestro en la tabla de posiciones, encima de todo esta semana nos superó Rumania. La puta madre. Los mismo que nos eliminaron en el Mundial del 94 con los goles de Dumitrescu y Hagi, ahora nos vuelven a embocar. Si bien estamos empatados en 47 dosis, como ya se ha explicado, a igualdad de dosis va primero el que aplicó más segundas dosis, o sea el que verdaderamente vacunó más. Rumania ya le aplicó dos dosis al 23% de la población y nosotros sólo al 9%. Un papelón.

A esta altura de la historia ya podemos decir que la figura del General Alais ha vuelto reencarnada en la segunda dosis de la Sputnik.

Recordemos que la fuente de todos estos datos es el informe de vacunación global que publica el NY Times. Acá hay dos posiblidades: o el NY Times es otro medio que inventa cosas para hacer lawfare y desprestigiar los éxitos de Cristina o los números son reales y evidentemente Cristina, Alberto y los hombres y mujeres del presidente, gestionan la pandemia con el mismo talento que gestionan todo lo demás.

En el fondo de todo este asunto, tan o más importante que la cantidad de dosis es el tiempo que demorás en aplicarlas, porque al final del camino todo el planeta va a estar vacunado. También los argentinos vamos a estar vacunados, como bien dijo la Líder de la Hotelería Latinoamericana. El temita es que el gobierno anunció 20 millones de vacunas para enero y recién llegaron en julio. Ellos dirán “pasaron cosas”. Nosotros vimos pasar todas las cosas por televisión, desde la remera de Ginés hasta el tardío decreto del viernes que firmó el “presidente” asesorado por sus hombres y sus mujeres, empezando por Cafiero, Kicillof, Bianco, Gollan, Rachid y demás genios del fútbol mundial.

Una vez más, como dice el querido Coco Basile: Silenzio Stampa.


Alejandro Borensztein


Origen :CLARIN