El descontento en la isla también tiene su reflejo en la novela, la música o las artes plásticas. Las nuevas generaciones de creadores no se resignan a elegir entre estalinismo o macartismo

IVÁN DE LA NUEZ

Obra 'El Consejo y yo' (2009), de la artista cubana Sandra Ceballos.Obra ‘El Consejo y yo’ (2009), de la artista cubana Sandra Ceballos.SVEN CREUTZMANN/MAMBO PHOTO / GETTY IMAGES

Las protestas del pasado 11 de julio en Cuba no fueron convocadas por artistas, ni lideradas por intelectuales, ni concebidas por un laboratorio de tendencias estéticas. Fueron manifestaciones populares que refrendaron una situación límite cruzada por la inmovilidad política, la ineficacia económica, la pandemia, la desigualdad creciente, la falta de libertades y el embargo de Estados Unidos.

Ese levantamiento, inédito en la historia del socialismo, tuvo además una magnitud cultural que vale la pena tener en cuenta. No es cuestión de sobrevalorarla, pero subestimarla sería, además de un error, un acto de injusticia. Porque si bien los artistas no lideraron las protestas, varios de ellos sí se incorporaron a ellas. No las echaron a rodar, pero sí las secundaron como ciudadanos de a pie. No las protagonizaron, pero no fueron pocos los que acabaron en la cárcel por sumarse a esa jornada. Si a esto añadimos que tampoco han faltado intelectuales alineados con el Gobierno, priorizando estos acontecimientos como otra maniobra del imperialismo, es evidente que esta revuelta ya cuenta con capítulo propio en la guerra cultural de la Cuba contemporánea.

El arte no se encargó de lanzar las manifestaciones, pero sí las anticipó. Basta un vistazo a este último año en el que ya habían tenido lugar eventos que rebasaban lo gremial para impactar, directamente, en la sociedad. Entre los más conocidos, los activados por el Instituto de Artivismo Hannah Arendt (Instar), el Movimiento San Isidro (MSI) o el 27N, surgido de la parada colectiva frente al Ministerio de Cultura a finales de noviembre de 2020.

Cubanas y cubanos que nacieron tras la debacle soviética, a quienes se les atragantan las consignas a favor del socialismo eterno mezcladas con la puesta en marcha de un capitalismo de Estado, bien palpable y bien mortal, que contradice sus propias prédicas

Estos y otros menos publicitados pueden leerse como preámbulos y, al mismo tiempo, testimonios de que la cultura estaba poniendo el dedo en la llaga de problemas urgentes. Por su parte, una red de publicaciones independientes o institucionales de la isla y la diáspora ya se habían encargado de notificar el apogeo de una nueva generación conectada al mundo y a las estrategias para canalizar su desacuerdo con este. Cubanas y cubanos que nacieron tras la debacle soviética, a quienes se les atragantan las consignas a favor del socialismo eterno mezcladas con la puesta en marcha de un capitalismo de Estado, bien palpable y bien mortal, que contradice sus propias prédicas. Es la misma generación que alucina cada día en Instagram con el pacto entre el nuevo dinero y la vieja nomenclatura que ha dado lugar a la recomposición iconográfica de nuestra oligarquía tropical.

Ni el Gobierno se va a abrir, ni el embargo se va a levantar, ni la izquierda mundial nos va a entender

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Iván de la Nuez es ensayista cubano residente en Barcelona. Su último libro es ‘Cubantropía’ (Periférica).

Origen: elpais.com