Cuando leyó sobre un “taller de sastrería” en Auschwitz, la historiadora Lucy Adlington se propuso averiguar más sobre las presas del campo de exterminio empleadas como costureras.

  • Autor Manasi Gopalakrishnan

Marta Fuchs, la costurera jefa de la “Obere Nähstube”.

Me comunico con Lucy Adlington en Londres. En la conversación telefónica, describe cómo estaba hojeando documentos de archivo de los años 30 y 40 para saber cómo eran las mujeres durante la guerra. “Me encontré con una referencia a un salón de costura en Auschwitz, pero había muy poca información”, dice.

Adlington se puso a buscar pistas, para saber más sobre las modistas. En el proceso, descubrió inspiradoras historias de resistencia y supervivencia. Los hallazgos de la autora e historiadora se publican ahora en un nuevo libro titulado “La modistas de Auschwitz”.

El “estudio superior de sastrería”

A finales de la década de 1930 y principios de la de 1940, Hedwig Höss, la esposa del comandante nazi del campo de concentración y exterminio de Auschwitz, dirigía allí un salón de moda que empleaba a prisioneras. Conocido como “Obere Nähstube”, o “estudio superior de sastrería”, el salón diseñaba y confeccionaba trajes de alta gama para la élite nazi.

Hunya Volkmann, una costurera de Auschwitz que sobrevivió y se instaló posteriormente en Berlín.Hunya Volkmann, una costurera de Auschwitz que sobrevivió y se instaló posteriormente en Berlín.

La historiadora Lucy Adlington lo califica de “horrible anomalía”, que contrasta con las atrocidades cometidas por los nazis contra los 1,3 millones de prisioneros del campo de exterminio.

Los nazis siempre entendieron el poder de la ropa, desde los uniformes hasta la alta costura, señala Adlington. Magda Goebbels, la esposa del ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, no se privaba de vestir creaciones judías.

“Qué desconexión tan completa. Estás vestida con trapos sucios y estas esposas de las SS vienen diciendo: ‘Cariño, hazme un vestido nuevo'”, cuenta Adlington a DW.

Encontrar a las modistas

Al principio, la historiadora solo tenía una lista con los nombres de las costureras: Irene, Renee, Bracha, Hunya, Mimi, etc. Tratar de encontrar los nombres y apellidos de las mujeres en los registros es complicado, explica Adlington. Muchas mujeres usaban apodos o cambiaban sus nombres cuando se casaban. Algunas mujeres judías también adoptaron nombres hebreos después de la guerra. En 2017, Adlington revivió a estas mujeres en una novela titulada “La cinta roja”.

Su relato de ficción sobre las modistas cuenta la historia de cuatro jóvenes, Rose, Ella, Marta y Carla, que cosen ropa en el taller de confección del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, como medio de supervivencia en un entorno hostil.

“No tenía suficiente información, así que me imaginé cómo sería una joven que cosía, en Auschwitz, para la esposa del comandante”, relata la autora. “Y cuando salió esta novela, la gente empezó a ponerse en contacto conmigo para decirme: ‘Bueno, en realidad, esa era mi tía, esa era mi madre, esa era mi abuela'”.

Adlington pronto tuvo la “fuerte sensación de que la historia no está enterrada; es la vida de la gente”, dice. La investigadora comenzó a ponerse en contacto con familiares de las costureras de Auschwitz y, en 2019, conoció a una costurera superviviente en San Francisco, Bracha Kohut, de 98 años.

Lucy Adlington (izquierda) con Bracha Kohut, de 98 años, una modista superviviente de Auschwitz.Lucy Adlington (izquierda) con Bracha Kohut, de 98 años, una modista superviviente de Auschwitz.

“Fue un gran encuentro”, recuerda Adlington. “La miré pensando, esta es la misma mujer sobre cuyas experiencias has estado leyendo. Aquí está ella. Intenté entender cómo ella, a una edad tan temprana, pudo soportar ese trauma”.

La resistencia clandestina de las modistas

Para muchas presas, trabajar en el taller de sastrería era una forma de sobrevivir. La costurera jefa era una mujer llamada Marta, que creó deliberadamente el salón de moda como un refugio. “Quería salvar a todas las mujeres que pudiera. Así que sí, tenían ropa limpia. Tenían la oportunidad de lavarse. Y como dijo una mujer, tenían un trabajo significativo”, la cita Adlington.

“Así que en lugar de ser tratados peor que los animales…, como esclavos que estaban traumatizados, construyendo las cámaras de gas que los asesinarían a ellos y a sus familias, realmente tenían algo hermoso que hacer. Creo que eso debió ser increíble para su autoestima”, supone.

Pero las mujeres del taller de sastrería no se limitaban a hacer hermosos vestidos. Muchas ayudaban en secreto a los movimientos de resistencia clandestinos, utilizando sus posiciones relativamente privilegiadas para comunicarse con la gente de fuera del campo. “Recogían medicamentos y los distribuían. Robaron todo lo que pudieron… y creo que lo más importante es que mantuvieron la moral alta”, cuenta la autora.

“Podían acceder a los periódicos y escuchar secretamente las radios para poder decir: ‘mira, los aliados han invadido Francia. Llegó el Día D, aguanta.” La costurera jefa, Marta, también se preparaba para escapar de Auschwitz y contar al mundo exterior las atrocidades de los nazis, añade Adlington.

Un trabajo de amor

Aunque la autora pudo hablar con Bracha Kuhot y las familias de las demás modistas para su libro, no ha podido encontrar rastros de los vestidos que confeccionaron estas mujeres.

El vestido de seda hecho por Hunya Volkmann para su sobrina.El vestido de seda hecho por Hunya Volkmann para su sobrina.

“Que yo sepa, no se sabe que haya perdurado ninguna ropa de ese salón de moda. Había un libro de pedidos en el salón que, según un testigo, tenía los nombres de los más altos nazis de Berlín, así que los clientes de Berlín pedían su ropa a Auschwitz. Pero esos registros no han sobrevivido”, lamenta Lucy Adlington en la entrevista con DW.

Sin embargo, Adlington, también coleccionista de ropa antigua, cuenta que una de las modistas que sobrevivió a Auschwitz cosió más tarde un vestido de seda para su sobrina.

“La sobrina me envió el vestido. Así que tengo un vestido hecho por una de las modistas, y me hace llorar cada vez que lo veo. Es tan hermoso pensar en lo que tuvo que hacer en los campos para sobrevivir esta mujer llamada Hunya”, confiesa Adlington, quien reiteró que el trabajo de esas mujeres era esencialmente un trabajo de esclavas. Sin embargo, “este vestido que hizo para su sobrina fue cosido con amor.” (gg/rml)

OrigenDW.com