La figura de líder justicialista ha sido objeto de una larga mitología sustentada en la repetición de algunas verdades y muchas fantasías

Juan Domingo Perón, durante su primera presidencia

Nuestra historia está plagada de verdades, medias verdades y abundantes mitos. A fuerza de repetición, y por pereza intelectual, muchos de esos dogmas acaban por convertirse en la historia oficial.

Pero la distorsión de los hechos históricos no implica solamente una falsificación de los sucesos del pasado. También contribuyen a comprender equivocadamente los acontecimientos y a confundir la interpretación del presente y el futuro.

La figura de Juan Domingo Perón y su obra de gobierno ha sido objeto de una larga mitología sustentada en la repetición de algunas verdades y muchas fantasías.

Es por ello que la última obra de Mariano Caucino El Perón que no miramos: Política, Economía y Diplomacia en tiempos de escasez (1950-1955), (Ediciones Areté), es un esfuerzo intelectual de envergadura para desmalezar esas interpretaciones a menudo equivocadas sobre aquellos años fundamentales de nuestra historia.

Tanto el peronismo como el antiperonismo, por caminos inversos pero con resultados similares, han pavimentado un camino de distorsiones históricas que en nada contribuyen al entendimiento de nuestro devenir.

Nacido en Buenos Aires en 1976, abogado, profesor de historia, especialista en relaciones internacionales y ex embajador en Israel y Costa Rica, Caucino busca con rigor científico explorar los caminos buscados por Perón en su política de acercamiento a los Estados Unidos y de gran realismo económico.

Este “Perón que no miramos” procura revivir las enseñanzas de aquellas reformas económicas y la política exterior pro-norteamericana llevada adelante por el gobierno peronista en la segunda mitad de su administración, algo que fue ocultado y negado en gran medida en los años que siguieron.

El intento de enviar tropas a pelear a Corea del lado de los norteamericanos, la ratificación del TIAR, la misión del ministro Ramón Cereijo en Washington en procura del crédito del Eximbank, la búsqueda de inversiones extranjeras, el cortejo a los enviados norteamericanos, la fastuosa recepción a Milton Eisenhower y la firma del contrato con la Standard Oil son sólo algunos de los hitos de este “Perón que no miramos”.

El autor reconoce que tal vez el propio Perón contribuyó a esa distorsión dado que durante los largos años de su exilio forzado, fue adoptando progresivamente un tono anti-imperialista que volvió a enfrentarlo con los Estados Unidos. Esta narrativa fue intensificada, sobre todo, en los últimos años antes de retornar a la Argentina cuando, motivado por una vocación táctica de atraer a las masas de jóvenes imbuidos por ideas socialistas, buscó seducirlos mediante una remake de la Tercera Posición de la segunda mitad de los años 40.

Ese acercamiento a Washington representa una verdad acaso incómoda para muchos peronistas. La incomprensión de los fenómenos históricos contribuye a falsificar la realidad y las percepciones que los dirigentes tienen sobre el pasado. Acaso el mayor daño de esa situación emerge cuando esas interpretaciones equivocadas confunden a quienes deben conducir los destinos de un país en el presente.

A la vez, el autor explora en una línea de análisis ya abordada por Raanan Rein y Silvia Mercado en lo referente al aporte de las “segundas líneas” del liderazgo peronista. Así, Caucino bucea en las complejas relaciones con hombres como Bramuglia, Mercante, Borlenghi, Remorino, Paz, Gómez Morales, Cafiero, Méndez San Martín y la siempre presente Evita.

Caucino reconoce que Perón y el peronismo siguen despertando pasiones, a favor y en contra. Incluso entre los peronistas, el verdadero Perón y el verdadero “peronismo” es objeto de disputas doctrinarias. Explica que, por caso, buena parte de la dirigencia sostiene que lo que hizo Carlos Menem en los años 90 no fue “peronismo” sino una desviación neoliberal que lo apartó de los ideales justicialistas. A su vez otras interpretaciones indican que los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner tampoco fueron estrictamente “peronistas” sino desviaciones, en este caso hacia el populismo de izquierda, lejos de la doctrina tradicional del movimiento. Pero, ¿el verdadero peronismo es el que nunca se realiza?

En su obra El Perón que no miramos, el autor intenta presentar con objetividad al líder en su hora más difícil cuando advirtió que las condiciones favorables existentes en el momento de su elevación al poder se habían agotado.

Ese “Perón que no miramos” que no dudó en alterar el curso de su política económica y su política exterior. En defensa de Perón, en este sentido, hay que reconocer el carácter de estadista -en esta materia al menos- de un hombre que no dudó en modificar su propia política al observar errores de su gestión. Fue entonces, hacia fines de los años 40, cuando Perón se vería obligado a aplicar medidas de dura restricción económica y gran realismo en sus vinculaciones internacionales.

Tal vez una lección que deberán contemplar los actuales seguidores del movimiento.

Origen: Infobae