Es notable que Alberto mienta tan abiertamente y se «preocupe» por la censura si justamente fue durante su mandato que se instauró el «Observatorio de la desinformación y la violencia simbólica en medios y plataformas digitales».

A las 12.30 del mediodía del pasado domingo, el presidente argentino Alberto Fernández, que además es el presidente del Partido Peronista, no se estaba preparando para ir al acto conmemorativo más importante de su agrupación. Alberto no estaba delineando un emotivo discurso para contener a sus votantes frustrados, ni estaba ensayando palabras alegóricas a la historia del General Perón. Alberto ni siquiera estaba preparando una aparición escénica frente a las masas junto a su mujer para exhibir flamante el embarazo con el que viene haciendo marketing en las últimas semanas. No. Lo que Alberto estaba haciendo durante el mediodía del domingo 17 de octubre, mientras los micros acarreaban gente a la marcha número 76 del “Día de la Lealtad Peronista”, era twittear sobre una medida cautelar de una juez en Valladolid (España).

¡Censura!, declamaba el hombre elegido por Cristina Kirchner para encabezar el cuarto gobierno kirchnerista que en menos de dos años ha dilapidado su caudal electoral y la credibilidad del peronismo reunificado en 2019. El hombre incapaz de presentarse al acto peronista por antonomasia. Estaba avisado de que su presencia era tan urticante como vergonzante. Menos de 15 horas atrás su vocera aún trataba de mantener el misterio diciendo que “no sabía” si el presidente peronista, a la sazón cabeza del partido peronista, iba a ir al acto peronista y esto ya era bastante sintomático. Pero el papelón redondo se consumó con su estruendosa ausencia.

Así que el domingo más peronista del año, que cayó en medio de la campaña electoral, Alberto lo dedicó a entrometerse en la justicia extranjera, mintiendo sobre un partido político de otro país y en consecuencia dejando en ridículo a la Argentina, llamando censura a una medida cautelar en curso. ¿Las razones?: 

El Juzgado Contencioso-Administrativo número 1 de Castellón acordó la retirada cautelar de 32 ejemplares de libros «facilitados» por la concejalía de Feminismos del Ayuntamiento. La medida no la solicita un partido político, sino una asociación civil, y se adopta «sin perjuicio de lo que se acuerde una vez se dé traslado a la administración demandada a los efectos de que formule alegaciones sobre el particular, en el correspondiente auto por el que se confirme o se revoque la decisión ahora adoptada«. Esto pasó el viernes pasado luego de que la Asociación Abogados Cristianos sostuviera que “alguno de esos libros no sólo incluyen contenido sexualmente explícito, sino que recurren al constante escarnio de las religiones, no sólo la católica, también el islam, el judaísmo y la religión evangélica haciendo una estereotipación negativa del hecho religioso, incitando al odio contra la religión y sus fieles”. Días antes, el miércoles, la concejalía de Cultura, Feminismo y LGTBI del Ayuntamiento de Castellón había entregado libros “con perspectiva y temática LGTBI” a los centros educativos dentro de un programa de compra a los comercios locales para chicos a partir de 12 años con el objetivo de fomentar la temática LGTBI. Hasta acá los hechos que seguramente se desarrollarán esta semana y que se resumen al ámbito de unos centros escolares. Por lo demás, cualquiera de los 32 libros se pueden comprar, leer y subrayar en cualquier parte del mundo libre. ¿De qué censura habla Alberto?

Más interesante es entender por qué el presidente de un país que acaba de anunciar una inflación superior al 50%, con una pobreza acuciante, donde 7 de cada 10 niños no tiene asegurada la alimentación diaria, ni mucho menos la salud ni la educación; un país con tensiones sociales del tamaño de un mamut, se está preocupando por una medida cautelar de un pueblito español que ni siquiera está resuelta. Bueno, resulta que uno de los libros recurridos es el de Bruno Bimbi, periodista cercano al kirchnerismo y secretario de comunicación de la mesa ejecutiva del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) de Río de Janeiro, ardiente opositor a Bolsonaro. El denostado presidente argentino, viendo cercenado su espacio de acción en el ámbito interno, está haciendo sus deberes bolivarianos tratando de influir en la política exterior, haciendo lobby por los amigos.

El presidente escribió en su cuenta de Twitter: «La Justicia española, a instancias de abogados de extrema derecha vinculados a VOX, eliminó de las bibliotecas de las escuelas de una ciudad de la Comunidad Valenciana libros que atienden y promueven el respeto a la diversidad, afectando de ese modo derechos de la población LGBT«, y agregó «Hoy sucede en España que los ‘libertarios’ discriminan y censuran. Pero quiero decir que repudio todo intento de discriminación y censura en cualquier lugar donde ocurra«, añadió el jefe de Estado.

Es notable que Alberto mienta tan abiertamente y se «preocupe» por la censura si justamente fue durante su mandato que se instauró el “Observatorio de la desinformación y la violencia simbólica en medios y plataformas digitales” (NODIO), un organismo de control y vigilancia del discurso dirigido por la ex miembro de la organización terrorista Montoneros Miriam Lewin denunciada por abuso de autoridad, censura previa y violación a la libertad de expresión.

Pero el tuit del presidente argentino contra VOX no debe ser leído en solitario. En efecto, mientras se preocupaba por lo que ocurría en la mesa de entradas del juzgado de Valladolid, su embajador en Chile, el también exmontonero Rafael Bielsa se presentaba en la corte de Apelaciones de Temuco (Chile), para defender a Jones Huala, líder de la organización terrorista indigenista RAM que cumple una condena por haber incendiado propiedades y por diverso ataques con armas de fuego en 2013. El embajador Bielsa, excediendo escandalosamente sus funciones, se presentó e intervino en el proceso para refutar los argumentos de la fiscalía donde ocurrieron los delitos. Semejante intromisión de la Cancillería argentina en la justicia chilena recibió el unánime repudio de la oposición.

Alberto Fernández sabe que no tiene margen dentro de la política argentina. Su sola presencia es motivo de burla o irritación. Todos los días hace un papelón, todos los días sus apariciones decadentes se convierten en meme y son el hazmerreír de los medios y redes sociales. Lo mandaron con una libretita y una camisa ajada a sentarse todo encorvado en una zona carenciada del conurbano para hacer de cuenta que anotaba los reclamos de la gente, después le hicieron una reunión con el músico popular L-Gante en Olivos que fue bochornosa. También lo mandaron a visitar la planta de una marca automotriz y para promocionar el evento se subió a un coche de otra marca y compartió las fotos. Más tarde dio una conferencia en la que hizo mal una cuenta matemática sencilla. También lo hicieron pasearse en un carro mísero tirado por un pobre caballo hambreado promocionando la inversión en Argentina. No reaccionó frente al amedrentamiento y la amenaza solapada protagonizada por su ministro de Seguridad a un caricaturista. Todo lo que toca lo arruina y esto ya no es reversible, él sabe que sólo irá empeorando.

Por eso Alberto está usando los últimos cartuchos para ver si al menos sirve para hacer algunos favores a los amigos que le quedan dispersos en el activismo del Socialismo del Siglo XXI, los que aún puedan sacar un poco de provecho de su figura agotada. Los últimos estertores de un hombre que es vergüenza para propios y ajenos, para ver si en la caída alguien le tiende una mano. Un final que recién empieza.

Origen:Gaceta.es