SECRETOS.jpg

Pollo Carvajal, espía en jefe de Chávez, prendió el ventilador y habló ante la justicia española.

Detienen a un testaferro clave de Maduro y lo extraditan a EE.UU.

Está visto que el kirchnerismo no puede despegarse ni podrá despegarse del chavismo aunque quisiera. Y no por razones ideológicas ni amistosas ni históricas sino por algo en un punto mucho más concreto que se llama negocios personales y que fue el formato más o menos secreto de la alianza entre Kirchner y Chávez.

Eso acaba de poner por escrito Hugo El Pollo Carvajal, ex espía en jefe venezolano, ante el juez de la Audiencia Nacional de España García-Castellón. Dijo que los 800 mil dólares de la famosa valija de Antonini Wilson eran parte de 21 millones que Chávez le mandó a Kirchner. La valija vino de Caracas en un charter contratado por el gobierno argentino, con funcionarios kirchneristas y chavistas. Era de madrugada y ninguno esperaba que una funcionaria en Aeroparque les pidiera que abrieran los equipajes de mano en un ingreso VIP. Aunque se confiscó la prueba del delito, la investigación duró siglos. Pasó por varios jueces y fiscales y terminó clavada en el mismo punto del primer día. Pocas veces como en este caso se vio el triunfo de la impunidad del poder.

Kirchner no era el único beneficiario. Según Carvajal, Lula, Evo Morales, Ollanta Humala, Lugo y jefes de Podemos, que comparte con el socialismo el gobierno español, recibían entre otras estrellas del firmamento progresista los petrodólares transportados en valijas diplomáticas. Parte de ese botín salía de la embajada de Cuba en Caracas. Siendo cónsul en Aruba, Carvajal había zafado de otra orden de detención de la justicia norteamericana. La huida fue calificada por Maduro como “un triunfo de la revolución”.

Estaba anunciada casi inminente su extradición, pero ayer se pospuso. Ahí ya está armando revuelo otro testimonio sobre los negociados del chavismo disimulados con la careta de la Patria Grande: el del empresario Alex Saab, extraditado desde Cabo Verde. El avión privado que lo llevaba de Caracas a Teherán paró en el archipiélago para repostar y fue apresado. Saab era testaferro y operador financiero a gran escala de Maduro. El caso tiene un antecedente no muy lejano: el de Alejandro Andrade, que pasó de guardaespaldas de Chávez a secretario privado y millonario y fue condenado en Estados Unidos a 10 años de cárcel por lavado.

Si la declaración del Pollo Carvajal aportó datos de adentro sobre la financiación chavista a líderes amigos, algo que medio mundo sabía, ahora esperan que la de Saab saque a luz negocios de la dictadura con Irán y Rusia. El juez O’Sullivan ya le notificó ocho acusaciones por lavado de cientos de millones. Camila Fabbri, esposa de Saab, fue investigada en Italia también por lavado y la justicia le confiscó una casa y obras de arte. Ahora Washington ofrece 10 millones de dólares por información sobre Pulido Vargas, socio de Saab en el gigantesco negociado de importación de alimentos y remedios.

Menos comentada es una tercera remesa a Estados Unidos: la de Claudia Díaz, ex tesorera y ex enfermera de Chávez, con extradición ya aprobada desde España. Cerruti, flamante vocera presidencial, se estrenó a lo Aníbal cuando le preguntaron por la declaración de Carvajal: “No opino sobre rumores”, dijo. ¿Rumores? Se han publicaron facsímiles de la declaración de Carvajal y la candidata de la izquierda, Yolanda Díaz, rápidamente se despegó de Podemos.

En la sociedad Chávez- Kirchner hubo, y queda, para todos los gustos: la aduana paralela, la bicicleta con los bonos de la deuda argentina que a Chávez le dejaban un 15%, las comisiones por los barcos con gas licuado que tapaban o suavizaban la crisis energética y encima una deuda del país con Venezuela que en algún lugar está asentada y que nadie tiene claro de cuánto es. Por estas cosas, entre otras, la relación seguirá pegada y va a sellar la política exterior y los disparates de la política exterior.

Ricardo Roa


CLARIN