aguilera

En el año 2012, a raíz de la visita de Benedicto XVI a Cuba, escribí un texto titulado “Ángeles heridos”.

En ese texto exploré las razones de esa actitud tan permisiva que la alta jerarquía –digamos, la élite— de la Iglesia Católica siempre ha tenido para con el despotismo castrista.

El primer argumento que utilicé fue que el Vaticano y el castrismo comparten las mismas conductas, y los mismos intereses, que siempre comparten las instituciones cerradas.

El segundo fue que quizás, y dios no lo quisiera, el castrismo podría tener un copioso expediente de abusos sexuales cometidos por miembros de la Iglesia Católica en Cuba. Un expediente que podría usar, claro está, para chantajear al Vaticano.

El tercer argumento me lo guardé, porque si lo hubiera dicho en aquel momento habría tenido que extenderme en una explicación que, para poder ser tolerada, habría necesitado de un libro de…

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