El Gobierno comete el gran error de arruinar su presente reviviendo un pasado que ya no tiene futuro

Juan Manzur, jefe de Gabinete

Lo que está sucediendo con el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, también nos coloca frente a funcionarios que aceptan postularse para cargos que exceden sus capacidades. El vínculo del Gobernador con la dueña de los votos es hoy un paradigma de las consecuencias de los funcionarios que no funcionan. La salida de Carlos Bianco -amigo personal del Gobernador- de la Jefatura de Gabinete y su reemplazo por Martín Insaurralde es un claro indicador de la “intervención” dispuesta por Cristina sobre la provincia que más le preocupa a la Presidenta de la Cámara de Senadores. Idéntica situación se repite con la Jefatura de Gabinete de la Nación, donde la salida de Santiago Cafiero para dar paso a la entrada de Juan “XIII” Manzur, deja intervenida a la Presidencia de la Nación, pasando nuestro primer mandatario a ocupar tareas más protocolares que operativas en la toma de las decisiones que realmente importan. Alberto Fernández es sólo un presidente testimonial.

Hay otros hechos ocasionados por los funcionarios que no funcionan que por su gravedad merecen ser recordados. Por caso, la excarcelación de una importante cantidad de presos en plena pandemia, más allá de ser una medida polémica en sí misma, nos muestra por dónde pasan los intereses de quienes nos gobiernan. A lo anterior se suman los pactos territoriales en los barrios populares con los “ex” punteros políticos hoy devenidos en operadores de los capos narco. También es un hecho tristemente penoso la mirada complaciente que tuvo y tiene el Gobierno respecto de la toma de tierras en distintos sectores del país. El problema con los mapuches que no son tales es otro hecho que por su gravedad debe ser destacado (el propio Sergio Berni marcó una posición muy diferente a la de su sector político).

La lista de temas de gravedad institucional es larga, bastan algunos ejemplos para poner blanco sobre negro en punto a la pérdida de rumbo de un gobierno que no tiene un plan de “país”, sino un proyecto para su propia “orga” y su perpetuación en el poder. Encubierto bajo el ropaje del populismo, vemos absorto cómo sus líderes -Grabois lo dijo muy claro- gozan de riquezas y viven una vida de lujo muy alejada del pueblo cuyos intereses dicen (solo eso) defender. Rememorando lo ya sucedido en los anteriores mandatos de la dueña del poder vamos igual de mal que antes pero más rápido. Hoy tenemos una coalición demasiado heterodoxa al frente del Gobierno que se caracteriza por agravar los problemas, siendo los cepos y el control de precios una clara demostración del empecinamiento por el fracaso.

Hablamos del primer acto de corrupción de un funcionario, dejamos para otro momento el segundo y quizás más grave acto de corrupción que es no renunciar a consecuencia de su incapacidad para ejercer el cargo en cuestión.

Origen: Infobae