Por

Diego Dillenberger 

Según cálculos de infectólogos y matemáticos más de 11 mil vidas de argentinos se podrían haber salvado de haber contado con sueros del laboratorio norteamericano. La cifra equivale a más de 200 tragedias de Once

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, batió el récord: lo llamó 30 veces a su celular. Muchos líderes mundiales lo veían como la salvación de sus carreras políticas golpeadas por la pandemia y empezaron a llamarlo personalmente, a cortejarlo, a rogarle, a ofrecerle posibilidades de negocio en sus países: el CEO de Pfizer, Albert Bourla, se convirtió en una suerte de dios terrenal para líderes políticos con problemas electorales y de reputación.

El jefe de Pfizer fue el primer dirigente empresario en ser recibido con honores en el palacio Akasaka, de Tokio: algo reservado desde hace siglos a dignatarios oficiales.

Bourla tiene en sus manos la llave de la vida de miles de millones de personas y la suerte de muchos políticos a punto de perder elecciones, que dependen de poder acceder velozmente a su inoculante.

Netanyahu logró hacer durar su gobierno -herido de muerte política- un año más gracias a haber conseguido -aparentemente pagando un plus secreto- vacunas de Pfizer suficientes para inmunizar a toda Israel antes que a ningún otro país.

 

Pfizer por dentro

Estos detalles hasta ahora desconocidos se revelan en un detallado informe publicado ayer por el diario The Financial Times sobre “Pfizer por dentro” y un negocio único en la historia farmacéutica con la vacuna contra el COVID que resultó altamente efectiva -y lucrativa-.

El informe del diario inglés de finanzas lleva a los argentinos a preguntarse por qué su gobierno eligió rechazar ese “tesoro” buscado desesperadamente por los líderes mundiales, cuando el país era el único en vías de desarrollo designado por Pfizer para recibir al mismo tiempo que los más desarrollados millones de dosis de esa vacuna y a un precio preferencial.

Hoy solo se sabe que Uruguay se benefició con cientos de miles de dosis de la vacuna Pfizer que la Argentina eligió descartar. Solo se puede especular con cuántas carreras de líderes políticos habrá salvado el gobierno kirchnerista a nivel mundial.

Después de todo, la Argentina fue el país en el que Pfizer hizo el mayor ensayo clínico de su vacuna y -por eso- el gobierno se había ganado el derecho a recibirla de forma muy temprana y a bajo costo. Más de 6.000 argentinos pusieron sus brazos para que Pfizer testeara la efectividad y posibles efectos secundarios del medicamento.

 

Se podrían haber salvado 11 mil vidas

Mientras la Argentina rechazaba la vacuna de Pfizer, no estaba en condiciones de cumplir las repetidas promesas del presidente Alberto Fernández de contar rápidamente durante el pasado verano con millones de dosis de la rusa Sputnik, la china Sinopharm o la anglo-sueca de Oxford-AstraZeneca.

Cálculos de infectólogos y matemáticos estiman que, como mínimo, más de 11 mil vidas de argentinos se podrían haber salvado durante la segunda ola de la pandemia en el país, de haber contado con la vacuna de Pfizer: una escalofriante cifra, equivalente a más de 200 Tragedias de Once. Es el 10 por ciento de los fallecidos a causa del COVID.

El rechazo a la vacuna de Pfizer se produjo a raíz de que el Congreso argentino votó una cláusula de “negligencia”, que era lo que, justamente, el laboratorio exigía eliminar para poder entregar las vacunas.

La cláusula nefasta la agregó la diputada kirchnerista Cecilia Moreau a instancias de la vicepresidenta Cristina Kirchner. Medio año más tarde -a través de la escandalosa carta al instituto Gamaleya de la asesora presidencial Cecilia Nicolini- se supo que el bloqueo a Pfizer fue parte de una incomprensible maniobra del gobierno argentino para “militar” por una suerte de “causa geopolítica” a favor de la vacuna Sputnik: un pedido personal a Cristina del mandamás ruso Vladimir Putin.

Ya meses antes de que se conociera en la Argentina la bochornosa carta de Nicolini, el propio Putin había admitido públicamente el fracaso de su intento de reflotar la “Guerra Fría” con su vacuna boicoteando los inoculantes producidos en Estados Unidos: la Argentina seguía sola en el mundo batallando contra Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson, cuando Moscú ya había admitido oficialmente no estar en condiciones de producir el segundo componente de su vacuna en las cantidades y tiempos prometidos.

 

La historia de la vacuna de Pfizer

La investigación del Financial Times, en la que participaron diez periodistas distribuidos por todo el mundo, no es particularmente elogiosa del laboratorio norteamericano. Muestra a un Pfizer desconocido que intentó en una primera etapa cobrarle a Estados Unidos hasta 1.000 dólares la dosis, pero que fue bajando el precio rotundamente a medida que el greco-estadounidense Bourla entendía que ponía en peligro la reputación del laboratorio que se hizo famoso por descubrir el Viagra. A la Argentina, le había ofrecido entregar para principios de año como mínimo unos 8 millones de dosis de la vacuna contra el COVID a diez dólares: la mitad de lo que el país paga por la china Sinopharm.

El diario inglés también muestra a un CEO implacable con los líderes mundiales al exigirles condiciones de indemnidad para su vacuna y describe un sistema bastante opaco y discrecional de prioridades para entregarlas.

También describe a los de marketing de Pfizer como “pícaros” por haber logrado instalar a su empresa en el mundo como el mayor salvador de la pandemia, cuando -en realidad- “la vacuna de Pfizer” ni siquiera es de Pfizer, sino del laboratorio alemán BionTech. Los alemanes acudieron a Pfizer para poder producirla masivamente fuera de Alemania.

Pfizer facturará este año 80 mil millones de dólares gracias a su vacuna: equivale a medio PBI argentino

Bourla recibe hoy ovaciones de pie cada vez que entra en un restaurante en Estados Unidos, donde lo vitorean como “salvador de la Humanidad”.

El CEO del laboratorio farmacéutico está a punto de publicar un libro sobre la proeza industrial de abastecer al mundo con una vacuna que, junto a la de Moderna, es considerada la más efectiva para proteger del coronavirus. Sin embargo se negó a hablar personalmente con los periodistas del Financial Times, que critican a la empresa por tener un estilo de comunicación muy opaco.

¿Podría haber sido otro el resultado de las elecciones del 14 de noviembre en la Argentina, en las que el gobierno salió claramente derrotado, si el Presidente exhibía el logro de haber sido el primer país del Tercer Mundo en recibir y aplicar masivamente la vacuna de Pfizer?

Imposible saber, pero el caso Pfizer podría servirle al Presidente y a su todopoderosa “vice” para entender que la combinación de torpeza en la gestión con ideología inconducente mata, y es mal negocio desde el punto de vista electoral.

Origen: Periódico Tribuna de Periodistas