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En las vísperas de la Navidad de 1975, el Ejército Revolucionario del Pueblo lanzó un ataque contra el Batallón Depósito de Arsenales 601 “Domingo Viejobueno”.

El saldo fue más de 60 muertos, un país conmocionado y la convicción que fue el hecho que aceleró el golpe militar del 24 de marzo de 1976

El asalto del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), al Batallón de Arsenales 601 “Domingo Viejobueno” del Ejército Argentino, en Monte Chingolo, el 23 de diciembre de 1975, no fue una simple casualidad. Fue un eslabón más de la guerra civil que ensangrentaba a la Argentina –día a día– desde hacía por lo menos un lustro. Al decir de las organizaciones subversivas, que intentaban tomar el poder por la vía armada, Monte Chingolo iba a ser un hecho más de la “lucha popular prolongada” que se llevaba adelante, tanto contra gobiernos de facto, como contra los mandatos constitucionales justicialistas de Héctor Cámpora, Raúl Lastiri, Juan Domingo Perón y su esposa Isabel.

El conflicto armado no tuvo límites de ningún tipo y el Estado Nacional se defendió como pudo, entre los cotidianos asesinatos de simples ciudadanos, dirigentes políticos, sindicales y empresarios, atentados con bombas, secuestros, ataques a unidades de las FF.AA. La violencia era de tal magnitud que el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Nicasio Juan Sánchez Toranzo, exclamó en noviembre de 1975: “Doloroso es el precio que pagan los hombres de armas en el cumplimiento de los deberes que la hora les impuso. Que este sacrificio no sea en vano por la renuencia de la sociedad”. El senador radical Eduardo César Angeloz fue un poco más allá: “Alguien tiene que dar la orden, alguien tiene que decir basta de sangre en la República Argentina”. El ruego del “Pocho” Angeloz (candidato presidencial en 1989) fue respondido por el diputado radical Molinari: “Qué podemos hacer? Yo no tengo ninguna clase de respuesta”.

Como se dijo nada era aislado. Antes del ataque del ERP el día previo a la fiesta de Nochebuena, el miércoles 3 de diciembre, cerca de las 19, cuando estaban por atravesar en balsa el arroyo Las Conchas para dirigirse a Paraná, Entre Ríos, la camioneta que manejaba el general ( R ), Jorge Cáceres Monié fue embestida violentamente por un vehículo en el que se desplazaban cinco personas. Aprovechando la sorpresa, el comando de Montoneros atacó con armas de fuego al conductor y su esposa, Beatriz Isabel Sasiaiñ (hermana del general Juan Sasiaiñ). Ambos quedaron seriamente heridos. El militar fue sacado de la camioneta y rematado en el piso por el jefe del grupo y la terrorista “Julia”. Luego, huyeron en otro auto de apoyo y la camioneta del militar asesinado, en cuyo interior aún se encontraba la esposa moribunda. Tras recorrer aproximadamente 15 kilómetros es tirada en una zanja donde al día siguiente fue encontrada muerta. La idea de organización armada Montoneros era provocar una conmoción a nivel nacional. Lo lograron. Antes, los terroristas, habían desestimado la “Operación Otitis” que consistía en el asesinato de Raúl Ottalagano, ex rector de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Ottalagano no se desprendía de sus custodios, Cáceres Monié siempre iba solo. En las horas siguientes, Paraná fue llenándose de militares. Unos participaban en operativos de búsqueda, otros concurrían a despedir al general asesinado. El velorio fue testigo de los momentos de tensión: El teniente general Jorge Rafael Videla, al observar la presencia del mandatario entrerriano, Enrique Tomás Cresto, se acercó, le extendió la mano y le dijo: “Usted es un hijo de puta”. “Usted también” fue la respuesta de Cresto (después del 24 de marzo de 1976 fue juzgado y estuvo preso 6 años). Frente al asesinato de Cáceres Monié y su esposa, la reacción no se hizo esperar. El senador mendocino Amadeo Frúgoli dijo: “Realmente, frente a tanta violencia, tanta sangre, confieso que me estoy quedando sin palabras.” El presidente del bloque de senadores del radicalismo, Carlos Perette, afirmó: “Las Fuerzas Armadas están luchando para asegurar el estilo de vida de la Nación.”

Tapa de la revista “Confirmado” dirigida por Rodolfo Terragno, Enero de 1976

A fines de julio de 1975 el PRT-ERP comenzó a planificar el ataque en Monte Chingolo y se resuelve crear el batallón urbano “José de San Martín” con efectivos traídos de varios lugares del país, bajo la jefatura del “comandante Pedro” Juan Eliseo Ledesma. En septiembre, con la ayuda de un soldado entregador –a quien llamaban “Patora”—el arquitecto Roberto Stegmayer, alias el sargento “Federico”, hizo una detallada maqueta del cuartel. El domingo 7 de diciembre de 1975, la inteligencia militar capturó a Ledesma, ascendido unos meses antes a jefe del estado mayor del ERP durante el plenario del Comité Central ampliado “Vietnam Liberado”, en San Miguel, provincia de Buenos Aires. A pesar de la caída de Ledesma junto con el jefe de logística, Santucho expresó su confianza en que Ledesma no daría conocer el proyecto del ERP y siguió adelante con el plan de ataque. Pero esto obligó a Santucho a designar como reemplazante a Benito Urteaga, “capitán Mariano”, un hombre que lo acompañaba desde la fundación del PRT. Ledesma fue trasladado a un centro de detención y posteriormente, se conoció que no reveló nada. Antes de morir, se permitió una licencia: una tarde, un alto oficial que no era de inteligencia, quiso conversar con él. El oficial, medio “mandaparte”, todo lo que sabía de la lucha contra el PRT-ERP era de oído o simples lecturas. Cuando lo llevan ante Ledesma, lo primero que atinó a gritar fue “a ver, vos, canta, ¿dónde está el ‘gorrión’ Merlo?’ (preguntaba por “el pelado” Enrique Gorriarán Merlo). A pesar su débil situación física, atinó a decir a sus carceleros: “Miren muchachos, hagan lo que quieran, fusílenme, pero saquen a este pelotudo de aquí”.

Lo que no conocía Santucho era que entre sus ropas, Ledesma y Elías Abdón (“Teniente Martín”, encargado de Logística) y otros miembros (en total 19), llevaban sin nombres diferentes croquis que permitieron al servicio de inteligencia de Ejército reconstruir todos los bloqueos proyectados sobre el Riachuelo que, completada con la información que proporcionaban 3 infiltrados, hizo posible detectar como objetivo del ataque al Batallón Depósito de Arsenales 601.

El lunes 8 de diciembre de 1975, cayeron detenidos los cuatro hijos de “Roby” Santucho, el jefe máximo del PRT-ERP, junto con Ofelia Ruiz, esposa de Oscar Asdrúbal “Chicho” Santucho (muerto en Tucumán el 8 de octubre de ese año) y sus cuatro hijos, más un hijo del “Turco” Elías Abdón. Dentro del Ejército hubo un debate sobre el destino del grupo. Se decidió liberarlos. La forma y el modo de hacerlo lo decidió un oficial. “Apúrese”, le dijo el coronel Valin (jefe del Batallón de Inteligencia) a un subordinado interesado en salvarlos. “Nosotros no matamos chicos” le dijeron a Ofelia Ruiz, la cuñada de Santucho. Retirados de un centro de detención, fueron dejados en un hotel de Flores. Tomó intervención la policía y finalmente, después de varios, terminaron en Cuba. Fue otro golpe para Mario Roberto Santucho.

El miércoles 17 de diciembre, son asesinados por miembros de la Columna Norte de Montoneros el intendente peronista de San Martín, Alberto Campos, su subsecretario y el chofer. Al día siguiente, jueves 18 de diciembre, a las 7 y 20 de la mañana, el comandante general de la Fuerza Aérea, brigadier Héctor Luis Fautario, fue detenido en el Aeroparque Metropolitano en momentos de salir de viaje a Córdoba. Los vuelos comerciales fueron suspendidos y la zona acordonada por efectivos de la fuerza. El centro de la rebelión estaba en la base de Morón, asiento de la Séptima Brigada Aérea, donde el jefe sublevado, brigadier Jesús Orlando Capellini, había constituido el “Comando Cóndor Azul en Operaciones”. Con las horas, lo que parecía ser un problema interno en la aeronáutica pasó a convertirse en un movimiento contra el gobierno nacional. Horas más tarde aviones de guerra sobrevolaron la Capital (y la Casa Rosada) arrojando volantes en cuyos textos resolvían dar por “totalmente agotado el actual proceso político que ha devastado al país y desconocer a las autoridades que detentan al gobierno nacional.” Otro comunicado expresó: “Requerir que el comandante general del Ejército asuma en nombre de las Fuerzas Armadas la conducción del gobierno nacional como un deber ineludible con la patria.” Jorge Rafael Videla, que se encontraba en esas horas en Venezuela, respondió poco antes de retornar a Buenos Aires: “la esperanza del Ejército es que el pueblo argentino, mediante consultas electorales, resuelva sus problemas.”

En la noche del mismo jueves 18, el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) anunció su separación del Frente Justicialista de Liberación, del que había formado parte en los últimos tres años. “La guerra en el país”, fue el título de tapa de la revista “Cuestionario”, dirigida por Rodolfo Terragno. En apenas cuatro líneas de texto radiografió una sensación de la época: “…el putsch de la Aeronáutica vino a poner de relieve algo que se sabía desde mucho tiempo atrás: la cúpula militar no está dispuesta a deponer al gobierno, pero tampoco a desatar un enfrentamiento interno para defenderlo.” Por su parte, como avizorando lo inevitable, el líder radical Ricardo Balbín comentó en un cónclave partidario: “Hay que airear la escena.” Héctor Fautario pasó a retiro y asumió como comandante el brigadier Orlando Ramón Agosti.

El viernes 19 de diciembre cayó María del Valle “Coty” Santucho, una sobrina del jefe del PRT-ERP, en las vísperas del ataque en Monte Chingolo. Fue detenida en un departamento junto con otros compañeros, presuntamente, denunciados por los vecinos a la policía. Era hija de Carlos Iber Santucho y Helvecia Castelli. Tenía 26 años y pertenecía al aparato militar de la organización.

El relato del segundo comandante del Cuerpo I, general Albano Harguindeguy, al autor (28 de noviembre de 2010): “Un día antes del ataque en Monte Chingolo, Valín pidió hablar urgentemente conmigo. Era de noche y no quería recibirlo porque estaba descompuesto. Valín insistió y le respondí que viniera. Me trajo dos hojitas escritas a mano. Parecía letra de médico, no se entendía nada, pero se nos informaba que el ERP iba a atacar una unidad del Ejército. En la otra hojita se habían apuntado todos los bloqueos de rutas y puentes y cuando lo analizamos sobre un mapa vimos que el centro de atención era el Depósito Domingo Viejo Buenos de Monte Chingolo. Lo analicé con los coroneles (Alberto Alfredo) Valín, jefe del Batallón 601 (Inteligencia) y (Edgardo) Calvi.”

El 23 de diciembre, finalizada la crisis de la Fuerza Aérea, como una película pasada a alta velocidad, comenzaba otro capítulo del drama. El mismo martes 23, el PRT-ERP atacó el Batallón Depósito de Arsenales 601 “Domingo Viejobueno”, importante unidad logística ubicada en las cercanías de Monte Chingolo y a 20 kilómetros de la Casa Rosada. La finalidad era robar (“recuperar”) una importante cantidad de armamento militar. De acuerdo a lo estimado por la comandancia (y la inteligencia del ERP), el depósito guardaba: 900 FAL con 60.000 tiros, 100 M-15 con 100.000 tiros, 6 cañones antiaéreos automáticos de 20 mm con 2.400 tiros, 15 cañones sin retroceso con 150 tiros, subametralladoras, etc. Totalizando cerca de 20 toneladas, lo suficiente como para conformar un ejército altamente profesional.

Como relató el ex erpiano Gustavo Plis-Sterenberg en su libro “Monte Chingolo”, los jefes del comando táctico se instalaron lejos del campo de batalla, en Perú y Cochabamba, pleno corazón de San Telmo. Intervino el “Batallón José de San Martín”, integrado por efectivos de las compañías “Héroes de Trelew”, “Juan de Olivera”, “José Luis Castrogiovanni”, “Guillermo Pérez” y elementos movilizados desde Córdoba y Tucumán. Miembros de Montoneros colaboraron en tareas de distracción y contención. Intervinieron en el ataque cerca de 180 combatientes, aunque si se cuentan los efectivos que dieron apoyo se llega a más de 250. Los detalles del combate han sido analizados con profundidad y profesionalismo por algunos autores militares. Hay innumerables textos al respecto. En Monte Chingolo murieron más personas que en el Combate de San Lorenzo del 3 de febrero de 1813. En éste, los realistas perdieron “dos cañones, una bandera, 50 fusiles, 40 muertos y 14 prisioneros”. Los granaderos, conducidos por el teniente coronel José de San Martín, “tuvieron 27 heridos y 15 muertos.” En Monte Chingolo, las fuerzas del Ejército y Seguridad tuvieron: 2 oficiales, 1 suboficial, 3 soldados y un marinero de la Armada muertos y 17 heridos (8 de la Policía Federal y 9 de la Policía de Buenos Aires). El terrorismo dejó en el campo de batalla y sus alrededores 62 muertos y 25 heridos. Se desconocen los desaparecidos.

La evaluación que hizo el Buró político del PRT, el viernes 26 de diciembre de 1975, tras la derrota, fue entre otros puntos: a) La mayor gravedad consistió en la violación del principio del secreto; b) El Ejército explotó con su trabajo de Inteligencia este flanco débil, lo que permitió esperar el ataque en estado de alerta y con su defensa reforzada; c) Conocimiento de un alerta en los cuarteles ante un posible ataque; d) Subestimación del enemigo y déficit en la técnica militar. Políticamente, el ERP consideró que fue una demostración del poder operativo, a nivel nacional e internacional. En esas horas, Santucho pronunció la demencial frase que le sacó a Fidel Castro: “Fue una derrota militar y un triunfo político”.

Cuando se habla de pérdida de poder de sorpresa, secreto y el estado de alerta, se está mencionando a la Inteligencia Militar y sus agentes. Aquí uno de ellos: “El Oso” Jesús Ranier. Durante la guerra que comenzó abiertamente en 1970 en la Argentina, las organizaciones terroristas fueron motivo de interés para los servicios de inteligencia. En 1971, fueron infiltradas las Fuerzas Argentinas de Liberación (FAL) y prácticamente se las llevó hacia su desaparición (terminó fusionándose en una de sus 6 escisiones con la OCPO). Desde 1973, el PRT-ERP fue infiltrado desde diversos lugares, hecho que originó su lento desmoronamiento hasta 1977. El agente Jesús Ranier fue el más efectivo: había militado en las Fuerzas Armadas Peronistas “17 de Octubre” (FAP 17). Era un peronista que se integró a lo que se denominó la “resistencia peronista” y durante esta etapa, conoció a elementos de la Central de Operaciones de la Resistencia (COR) que era liderada por el general (R) Miguel Iñiguez.

En 1973, se generó en las FAP un estado deliberativo: unos consideraban que el triunfo de Perón daba por terminado el camino de la resistencia armada y otros que no. Jesús Ranier decide separarse de las FAP. Pero tiene contactos con los elementos de la COR: el general Iñiguez los impulsaba a volver a la legalidad y al servicio de Perón. Sin embargo, estaba seguro que por antiperonista, el PRT-ERP iba a continuar con el proyecto de guerra civil prolongada. Cuando se tocó esta cuestión, Jesús Ranier, expresó que como militante peronista, debía combatir contra el ERP. A la vez, comentó que integrantes del PRT – ERP lo habían invitado a incorporarse a la organización. Es así como militantes de COR le indican que lo prudente es aceptar esa invitación, pero con previo contacto con el servicio de inteligencia del Ejército. Ranier aprueba la idea. Se lo empieza a capacitar sobre la manera de comportarse dentro de la organización y es así como establece contacto con el PRT – ERP y logró incorporarse como combatiente del ERP. En el área logística comenzó a reparar armamento y a cumplir órdenes de traslado de los materiales para las operaciones militares. Poco a poco, fue accediendo a los depósitos clandestinos donde el ERP guardaba el producto de sus robos en los ataques a personal de seguridad, dependencias policiales y cuarteles. Para estas actividades, el ERP le proveyó numerosos contactos con otros integrantes, a efectos de completar sus tareas (mantenimiento, provisión o retiro de armas). Con el tiempo, se ganó la confianza de los jefes logísticos del ERP, y así llegó a detectar el asalto proyectado contra el Batallón Depósito de Arsenales 601 (Monte Chingolo).

El fracaso del asalto no sólo se debió a su importante intervención. Trabajaron dos infiltrados más. Esto permitió entrecruzar las informaciones y lograr la reconstrucción del plan de ataque terrorista, siguiendo sus movimientos. Luego del fracaso de Monte Chingolo, Santucho ordenó a Mariano Benito Urteaga que investigara la posibilidad de que existieran infiltraciones en el PRT-ERP. Se comenzó la investigación aprovechando el criterio de “tabicamiento” que empleaba el terrorismo. En cada caso, permitía saber quiénes conocían una determinada actividad. Esto, aplicado a los casos en que había sido golpeado por “sus enemigos”, permitió encontrar que, coincidentemente, en casi todas ellos, una misma persona conocía esa actividad. Era “El Oso”. Llegado a esa conclusión, se lo secuestró junto con otro militante. En realidad ‘Coco’ era un “falso infiltrado” que se lo empleó para incitar a “El Oso” a franquearse cuando estuvieran solos. Posteriormente lo interrogaron durante toda una noche y al otro día procedieron a asesinarlo. No lo matan con un tiro. El capitán Manolo, médico de la “Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez”, le aplicó dos inyecciones de veneno y dejaron abandonado su cadáver en un terreno del Gran Buenos Aires. Fue el martes 13 de enero de 1976. Tenía 30 años.

Los diarios de las horas siguientes trataron extensamente los detalles del enfrentamiento en Monte Chingolo y sus aledaños. La senadora peronista de Río Negro, Martha Susana Minichelli de Constanzo, dijo: “Esta de hoy, no puede ser mi patria”. La ayuda prestada al Ejército por todos los organismos del gobierno de la provincia de Buenos Aires, mereció del teniente general Jorge Videla el envío de una carta de agradecimiento a Victorio Calabró. El gesto desbarató las presiones de Lorenzo Miguel y los sectores ultraverticalistas en pro de la intervención a la provincia: A las 13.45 del miércoles 24 de diciembre de 1975, envió el siguiente radiograma al gobernador bonaerense: “Sean mis primeras palabras…para manifestarle la profunda satisfacción del Ejército argentino por la valerosa y eficiente acción desarrollada por la Policía de la Provincia y por la presteza y diligencia de todos los organismo provinciales que intervinieron en el hecho.” Para el radical Antonio Tróccoli “…la República ha entrado en un plano inclinado…todo está peor que el 25 de mayo de 1973 ¡Grave emergencia nacional!”.

El 29 de diciembre de 1975, el embajador estadounidense Robert Hill informaría al Departamento de Estado, por cable secreto: “Fuentes militares indican que los ataques a Monte Chingolo, La Plata y los puentes que cruzan el Riachuelo fueron realizados por el ERP con apoyo de Montoneros. Un hecho que ha sorprendido a todos los observadores fue la extrema juventud de la mayoría de los atacantes, además del alto porcentaje de mujeres involucradas. Algunos testigos han reportado que la mayoría de los atacantes parecían ser no mayores de 17 ó 18 y algunos tal vez menos. No está claro si esto indica que el ERP está rascando el fondo del barril o si envía reclutas jóvenes porque son reemplazables. Las fuerzas de seguridad tuvieron éxito no sólo por su alcance sino también por la manera en que esto fue efectuado. Obviamente la Inteligencia de Ejército está funcionando mejor. El ejército fue informado y estaba preparado. Más aún, la respuesta de los tres Servicios fue rápida y bien coordinada”.

Arnold Kremer, alias Luís Mattini, el sucesor de Mario Roberto Santucho en 1976, dirá en su libro “Hombres y mujeres del PRT-ERP” que la consigna “una derrota militar y un triunfo político” era inentendible: “Ha sido un lugar común decir que la catástrofe de Monte Chingolo marco la derrota del PRT-ERP”, porque la organización terrorista (y su aliada Montoneros) “todavía tenían grandes reservas, muchísimo más que a finales de 1972 cuando regresara Santucho a la Argentina” (desde Cuba). “La derrota de Monte Chingolo, marcó el inicio de la definitiva derrota del PRT-ERP porque tanto el lanzamiento de la operación, como fundamentalmente la incapacidad para analizar críticamente la misma, revelaba que la dirección del PRT había perdido la iniciativa a pesar de que continuara la ‘ofensiva’ [y ya] toda ofensiva se transformaba en acción desesperada.” Hay algo más que Mattini no dice y es la sensación de temor, indefensión y estado de agonía (la misma palabra que expuso Jacobo Timerman en su diario “La Opinión) en el que vivía gran parte de la sociedad argentina. Uno de los políticos que mejor van a expresar el clima de angustia de la población fue el radical Ricardo Balbín.

En el archivo de la Inteligencia checoslovaca encontré una nota del Departamento 52 que acompaña el informe denominado “adjunto argentina”, cuyo texto dice lo siguiente: ”Enviamos en forma de adjunto el informe “la preparación del golpe militar en la Argentina”, obtenido de los amigos soviéticos”. Es importante porque el KGB tenía con más de un mes de antelación la decisión militar de derrocar a Isabel y establece, además, una fecha del encuentro Videla-Balbín.

En esa reunión que se celebró en una casa de Palermo Chico (Ombú 3054), según me relataron el teniente general Jorge Rafael Videla (en febrero de 2006) y el dueño de casa (en 2015), el líder radical se expresó así:

-Balbín: General, yo estoy más allá del bien y del mal. Me siento muy mal, estoy afligido. Esta situación no da más. ¿Van a hacer el golpe? ¿Sí o no? ¿Cuándo?

-Videla: Doctor, si usted quiere que le dé una fecha, un plan de gobierno, siento decepcionarlo porque no sé. No está definido. Ahora, si esto se derrumba pondremos la mano para que la pera no se estrelle contra el piso.

Balbín: Si van a hacer lo que pienso que van a hacer, háganlo cuanto antes. Terminen con esta agonía. Ahora, general, no espere que salga a aplaudirlos. Por mi educación, mi militancia, no puedo aceptar un golpe de Estado.

El resto del texto de la inteligencia soviética constituye una interpretación sobre los papeles de Videla y Viola en las cercanías del poder. La gran pregunta es: ¿Quién le informó a los soviéticos?

La preparación del golpe militar en la Argentina

“La conducción de las Fuerzas Armadas argentinas llegó a la conclusión de que se agotaron los medios legales para resolver la crisis interna por intermedio de la vía constitucional. El Jefe del Estado Mayor del Ejército Argentino, el general Videla, informó el 4 de febrero del año en curso al líder del Partido Radical opositor, Ricardo Balbín, respecto a que las Fuerzas Armadas decidieron tomar el poder del Estado. Se supone que el Congreso será disuelto, la actividad de los sindicatos – la Confederación General de Trabajo – se interrumpirá temporalmente. La Confederación General de Trabajo debería ser reorganizada y se les pedirá a los representantes de las principales cinco uniones de sindicatos que propongan nuevos candidatos para los puestos dirigentes. Se le atribuye una gran importancia al extremismo y el terrorismo político. No se debería instaurar un régimen de tipo chileno, ya que según la opinión de los representantes militares argentinos, la junta chilena no llegó a resolver ningún problema que se le presentó. La reunión reciente del Estado Mayor con presencia de los cuatro comandantes en Jefe de los cuerpos militares trató sobre los detalles concretos de la organización del golpe. Se tomó la decisión de que encabezará el golpe el general con la cantidad mayor de años de servicio activo. Debido a que el general con mayor cantidad de años de servicio – el general Jorge Videla – quedó desacreditado, porque pidió que la presidenta M.E. Martínez de Perón abandonara en forma radical su función. Por dicha razón deberá ir a retiro, para que pueda encabezar el gobierno militar el general Viola”.


Juan Bautista Tata Yofre

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