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Una diputada bonaerense cambió de partido. Otra, diputada nacional, se fue a Miami y faltó a una votación clave. Actitudes con consecuencias.
Persona que con un cargo público no abandona éste al separarse del partido que lo presentó como candidato (…) La actitud del tránsfuga, que aun ejerciendo su derecho individual, altera el equilibrio de fuerzas derivado del grupo político con el que había concurrido a las elecciones, otorgando con su conducta la mayoría a otro grupo hasta ese momento minoritario altera, aun en un segundo nivel, la representación democrática, pues la votación a un determinado partido político se efectúa no sólo por la calidad de las personas que lo integran en las listas electorales, sino por la perspectiva política e ideológica que representan”.

Así define la Real Academia Española a un tránsfuga. Y la denominación, esta vez, le cae a Natalia Sánchez Jáuregui, diputada por Juntos por el Cambio que pegó el salto al Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires, lo que le permitió al oficialismo quedarse con la primera minoría en la Legislatura bonaerense.

“No soy una panqueque”, lanzó la diputada, salteándose lo que con toda claridad explica la RAE: más allá de sus cualidades personales, a ella la votaron por lo que representa la fuerza política que ahora abandonó, traicionando el mandato depositado en sus manos. Es más: Fe, el partido al que pertenece la diputada y que en 2019 se alió a Juntos por el Cambio, respaldó la maniobra de Sánchez Jáuregui y sostuvo que “la banca es nuestra”. Transversal a todos los partidos, esta transfugueada no es la primera – recordar la de Borocotó Jr.- y, uno sospecha, tampoco será la última.

Otros diputados también dieron qué hablar en los últimos días. En la crucial sesión impulsada por Juntos por el Cambio para reformar Bienes Personales la oposición no sólo no reunía el quórum sino que terminó perdiendo la votación por un voto: tres de sus legisladores estaban ausentes. Camila Crescimbeni, del PRO, dio positivo en el hisopado antes de entrar al recinto. Inasistencia justificada. Alvaro González, cercano a Horacio Rodríguez Larreta, asistió al casamiento de su hija en Alemania y, según alegó, no encontró pasaje para volver a tiempo. Gabriela Brouwer de Koning, de Evolución, el sector alineado con Martín Lousteau, gozaba en Estados Unidos de los encantos de Disney, con un timing digno de mejor causa. Ocurridas que fueron la votación y la derrota legislativa, la diputada pidió disculpas y, por las dudas, no vaya a ser que alguien confundiera una cosa con otra, aclaró por radio el jueves que no piensa en renunciar.

Nada es gratuito. Están las consecuencias de lo que las conductas generan, bien palpables como en el caso de la votación de Bienes Personales. Y están también las otras consecuencias, menos tangibles pero no por eso menos peligrosas. En la última medición de Latinobarómetro, conocida este año, apenas el 18% de los argentinos dice confiar en el Congreso, y sólo un 11% en los partidos políticos.

Mientras, una de las principales discusiones de la política gira en torno a la modificación de la ley que inhabilita la reelección indefinida de los intendentes del Conurbano, uniendo en un interés común a quienes suelen estar de un lado y otro de la grieta. En una y otra vereda se dirimen también internas feroces, hasta por centímetros cuadrados de poder, de espaldas a una realidad que golpea con ferocidad inusitada a los ciudadanos-votantes, sin ninguna clase de distinción partidaria.

El conmovedor discurso con que Esteban Bullrich renunció a su banca en el Senado, empujado por la enfermedad, dejó varias ideas dignas de revisitar. “Vivimos en un país en el que la gente de bien escapa de la política, la desprecia y la condena”, dijo y exhortó a sus pares: “Hagan carne el mandato de la gente (…) y tengan el coraje de hacer solamente lo que saben correcto”, para agregar: “Todos hemos sido culpables de gobernar con tapones en los oídos”.

En aquel diciembre aciago de hace 20 años, una de las consignas clamaba “Que se vayan todos”. Como en toda generalización, los justos pagan por los pecadores. Pero no se fue nadie, y algunos repiten hoy las mañas de entonces. Hay demasiada nafta derramada como para ponerse a jugar con fuego.

Silvia Fesquet

CLARIN