En Juntos por el Cambio siguen los acuerdos con el oficialismo y el desencanto de los votantes los acerca a los diputados liberales.

Por Marcelo Duclos

Los diputados liberales hicieron un buen debut. Sin embargo desde el día de las elecciones, han logrado estar más en sintonía con el votante opositor que los legisladores de Cambiemos. (Archivo)

Las elecciones legislativas de este año tuvieron al espacio liberal como una de las novedades relevantes en el mapa político argentino. Tanto en provincia de Buenos Aires como en la Ciudad Autónoma, los frentes libertarios puros se posicionaron como las terceras fuerzas en el debut de los comicios parlamentarios. En la capital, Javier Milei se llevó el 17 % de los sufragios, mientras que, en el complicadísimo territorio bonaerense, José Luis Espert consiguió el 7,5 %. A pesar de los buenos resultados, de realizarse hoy los comicios en cuestión, ambos incrementarían aún más su caudal, tal como lo hicieron desde las primarias hasta el 14 de noviembre.

Aunque muchísimas más personas se animaron a emitir un voto de principios en comparación a las que sufragaron por Espert en las últimas presidenciales de 2019, todavía una gran cantidad de ciudadanos que reconocían su preferencia natural y afinidad por los liberales terminaron poniendo la boleta de Juntos por el Cambio.

El objetivo que se perseguía con esta táctica era tratar de consolidar un único bloque parlamentario fuerte contra el oficialismo.  Sin embargo, desde que se abrieron los sobres hasta ahora, la coalición entre la Unión Cívica Radical, el PRO y la Coalición Cívica no ha dejado de desilusionar a muchos de estos votantes.

El primer cachetazo a los macristas resignados que votaron, casi con la nariz tapada, fue el feroz enfrentamiento interno de las facciones radicales que subdividieron al bloque.  Llegando a fin de año, el interbloque de Juntos por el Cambio quedó dividido en 9 bloques diferentes: el del PRO con 50 legisladores, los dos de la UCR (uno con 33 y otro con 12), el de la Coalición Cívica de Elisa Carrió de 11 diputados, el de Margarita Stolbizer con 4, uno de 2 y cuatro monobloques de un solo legislador cada uno.

El único que se salva de las críticas es Ricardo López Murphy, de Republicanos Unidos, que ha demostrado ser el legislador más sólido del interbloque, además de criticar duramente y en público las posiciones cómplices del espacio político para con el peronismo.

Los tres ausentes del escándalo

La sesión de diputados de la última semana generó un escándalo pocas veces visto dentro de un espacio político. Luego de haber conseguido los votos para tratar modificaciones al impuesto de Bienes Personales (en la maratónica jornada que la oposición doblegó al oficialismo en la votación del presupuesto), el tratamiento quedó agendado para el pasado 21 de diciembre.

La votación iba a ser más ajustada que la anterior, ya que la izquierda (que votó en contra del presupuesto) iba a acompañar el dictamen del oficialismo que incrementaba el gravamen para determinados sectores de la escala.

La bancada de Juntos por el Cambio podía conseguir una victoria apretada, porque todavía, por poquito, le daban los números. Sin embargo, a la hora del conteo se impuso el kirchnerismo por solamente un voto. A la oposición le faltaron tres legisladores que brillaron por su ausencia: una diputada dio positivo de COVID-19 y no hizo a tiempo el trámite formal para dejar asentada su posición, un legislador se había ido del país para el casamiento de su hijo en Alemania, y, el caso más impune de todos, que fue el de otra diputada radical que estaba de vacaciones en Disney. “Pensé que había terminado el año”, esa fue la excusa de Gabriela Brouwer de Koning.

Luego del resultado, varios usuarios en las redes sociales comenzaron a lamentar su voto y a pedir la expulsión de los tres diputados, que ya dijeron que no piensan abandonar sus bancas. Se limitaron a unas disculpas públicas por el papelón, que no calmaron para nada los ánimos.

Reelección indefinida de los intendentes y el impuesto a la herencia

En los sótanos del poder no existe grieta”, tituló ayer su claro editorial el periodista de La Nación, Carlos Pagni, haciendo referencia a los acuerdos de fin de año entre varios sectores de Juntos por el Cambio y el Frente de Todos. Aunque discuten en lo superficial, en los subsuelos (no tan subterráneos) a los que hace referencia el experimentado comunicador, hay agendas en común que resultan más importantes para los dirigentes cambiemitas que el compromiso con sus votantes antikirchneristas.

Una de las pocas reformas positivas que dejó la gestión de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires fue una ley de la legislatura bonaerense que prohibía las “re-reelecciones” de los intendentes. Sin embargo, parece que ahora hay jefes comunales del radicalismo y del PRO que se atornillaron a sus despachos, como los peronistas a los que criticaban. Resulta que tampoco ellos quieren dejar las intendencias y pretenden competir por nuevos mandatos (con las ventajas de “las cajas” que manejan hace años, claro). El próximo martes habrá sesión por el presupuesto de la provincia y no se descarta un acuerdo, que ya es de público conocimiento que está en marcha.

No obstante, lo que más ha generado indignación en las últimas horas fue la foto de los gobernadores de JxC con Alberto Fernández para la firma del “Consenso Fiscal”. Lejos de ser un proyecto para emparejar las cuentas del fisco recortando gastos y reduciendo el déficit, el acuerdo abre las puertas en todo el territorio para nuevos impuestos como el de la herencia, que ya está en marcha y planeamiento de aplicación. Aunque el kirchnerismo argumenta que el mismo existe en otros países, en Argentina ya está el impuesto a los Bienes Personales, por lo que se trata de una doble imposición absolutamente ilegal.

Ante todas estas cuestiones, Espert indicó que tiene por estas horas “mucha mejor recepción”, que durante la última campaña. “Hoy nosotros haríamos una mejor elección de la que hicimos el 14 de noviembre”, aseguró el economista y diputado nacional.

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Origen: panampost.com