Militares y técnicos rusos. INSTITUTO DE ESTRATEGIA

Las amenazas de Vladimir Putin llegan cuando los rusos ya están en Venezuela, incluso han participado en persecuciones y enfrentamientos militares en territorio venezolano. Su avance en el país petrolero es constante desde que Hugo Chávez apostara por la compra de su armamento y por estrechar lazos dentro de su estrategia del «orden multipolar» y el «fin de los imperios».

Con Nicolás Maduro y el actual generalato, la presencia rusa ha aumentado. En 2020, ocho especialistas rusos en drones apoyaron a las fuerzas bolivarianas en la Operación Tiburón, la caza y captura de los militares rebeldes que desembarcaron en las costas venezolanas. Se trató de la primera operación militar con rusos en lo que va de siglo en la región. Previamente, los bombarderos Tupolev habían aterrizado en el aeropuerto caraqueño de Maiquetía para demostrar el vigor de la alianza entre regímenes.

«La presencia militar rusa es básicamente todo el personal técnico que brinda apoyo y soporte para el equipamiento ruso que opera en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). También hay elementos de capacitación, unidades de fuerzas especiales rusas así como empresas contratistas militares que proveen capacitación a personal militar y policial venezolano. Se especula que viene acompañado de apoyo operativo en los despliegues de las fuerzas armadas en la lucha contra grupos paraestatales», desvela para EL MUNDO Andrei Serbín, uno de los principales expertos militares del continente.

Un despliegue que el año pasado fue más significativo durante la batalla campal entre guerrillas colombianas en el estado fronterizo de Apure, con participación también de los soldados venezolanos. A través de imágenes se pudo comprobar cómo militares rusos asistieron a las Fuerzas Especiales de Maduro (FAES), los famosos «escuadrones de exterminio», según la ONU. «La FANB negó que fuera personal ruso, pero el fusil, las zapatillas y el equipamiento indicaban que eran rusos», confirmó Serbín, que también corrobora la presencia «de dos o tres empresas rusas de contratistas militares (mercenarios)».

El polémico Grupo Wagner, organización paramilitar rusa, ha hecho acto de presencia en Venezuela, aunque es imposible saber cuántos hombres ha desplegado. «Hubo controversia por una página falsa de reclutamiento de Wagner, que en realidad era un movimiento de la Inteligencia ucraniana para tratar de agarrar a gente que estuviera dispuesta a unirse a Wagner. Ellos dijeron que eran 2.000 en Venezuela, a saber de dónde salía ese número. Hoy día no hay indicios claros», remacha Serbín.

En Cuba, la situación es muy distinta a la vivida en la otra Guerra Fría. «Los rusos tuvieron entonces tres presencias fundamentales de tipo militar. Una en la base de radiointeligencia Lourdes, enclavada en las afueras de La Habana, con capacidad para monitorear buena parte de las comunicaciones de EEUU. Esa base fue cerrada por Putin en 2001. La segunda presencia fue la base de submarinos de Cienfuegos, donde repostaban los que operaban en el Atlántico. Y la tercera fue la brigada militar, compuesta por cuatro batallones, dos mecanizados, uno de tanques, y otro de artillería que existió hasta el fin de la URSS, con hasta 3.000 hombres y con capacidad de combate en tierra. Esas tres presencias fueron desmanteladas, pero se mantiene la cooperación técnico militar, en la embajada, con asesores y la colaboración en la industria técnico militar cubana que ha modernizado el equipamiento soviético», profundiza el historiador Armando Chaguaceda, especialista en revoluciones.

¿Por qué Rusia pretende dar zarpazos en América Latina cuando no se ha olvidado la crisis de los misiles en Cuba? «Rusia es un régimen personalista, centralizado en la toma de decisiones, que puede mover fichas en Siria, Venezuela, África y Asia Central a través de contingentes militares y asesores y de manera asimétrica influir de manera que no corresponde con su potencial económico», concluye Chaguaceda.
Maduro ha aumentado la presencia militar de Moscú, que se remonta a Hugo Chávez

«PRESIDENTE PUEBLO» HASTA EL AÑO 2030

«Declaro la nueva transición hacia el socialismo 2030, cuando se logre el carácter irreversible de la revolución bolivariana!». Maduro despachó su discurso anual ante el órgano parlamentario de la revolución dejando claro que piensa permanecer al frente del país hasta ese año, cuando acabaría el mandato que salga de las presidenciales de 2024. Ese es el objetivo confesado por el «presidente pueblo», una adaptación madurista del famoso «¡Hasta 2000 siempre!» que tanto le gustaba decir a Chávez. «Revolucionar, revolucionarlo todo, cambiarlo todo de nuevo para hacerlo mejor y hacerlo bien», pontificó Maduro. «La meta para 2025 es la pobreza extrema cero», dijo sin citar las actuales cifras económicas que establecen que alcanza el 76,6% de los hogares. / D. L.

Por Daniel Lozano

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