Una columna fascista intentó sepultar ayer un debate parlamentario inédito en la historia de la democracia argentina, mientras las sociedades modernas se preguntan todos los días cómo será el nuevo orden global cuando termine la guerra de Rusia contra Ucrania

Por Román Lejtman

Incidentes en el Congreso cuando se debatía el acuerdo con el FMI (Maximiliano Luna)

Pocos conocen en la Argentina que la estabilidad del sistema democrático corrió un fuerte peligro existencial, antes del acuerdo institucional entre la Casa Rosada y Juntos por el Cambio que permitió debatir y aprobar el Staff Agreement del Fondo Monetario Internacional (FMI) en la Cámara de Diputados.

Ese rasgo de madurez política – que esquivó la perspectiva agonal de Cristina y Máximo Kirchner y la miopía personal de Mauricio Macri– sólo se puede comparar con el acuerdo de supervivencia institucional que lideró Raúl Ricardo Alfonsín junto al peronismo renovador cuando los Carapintadas intentaron someter a la Democracia en abril de 1987.

Un default soberano sumado al actual desorden mundial causado por las ambiciones geopolíticas de Vladimir Putin, hubieran convertido a la Argentina en el nido cálido del Huevo de la Serpiente.

No hay un sola interpretación ideológica que pueda justificar la agresión fascista al Congreso. El sistema tiene fallas históricas, pero la Revolución terminó patética cuando cayó el Muro de Berlín y ya no hay dudas acerca del valor de la palabra por encima de una bomba Molotov o una gomera de acero y cinta látex.

Las piedras rompieron los cristales de las oficinas de Cristina, Oscar Parrilli y José Mayans, tres referentes del kirchnerismo duro que llegaron al Senado por el voto popularLa oposición cuestionó el ataque faccioso al Parlamento, y se mantuvo casi en silencio frente a la agresión directa que recibió la Vicepresidente y sus compañeros peronistas.

Fue un error político: la condena no tiene index ideológico. La agresión es al sistema democrático, y no puede haber excepciones por diferencias programáticas.

La ventana rota del despacho de Cristina Fernández de Kirchner en el Senado (Nicolás Stulberg)

La patrulla perdida que enfrentó al Congreso se pertrecha con la ausencia de entendimientos estructurales de la clase política. La pobreza, el desempleo, la inseguridad, la corrupción y los abusos de poder aceitan las gomeras y facilitan la fabricación de las bombas Molotov.

El acuerdo entre Alfonsín y el peronismo renovador -conducido por Antonio Cafiero- fue una experiencia efímera. Terminó en la caída del presidente radical, en un hecatombe económica y en un nuevo acuerdo con el FMI que puso en práctica las exigencias del Consenso de Washington.

La implosión de la Unión Soviética y el triunfo de la democracia liberal convirtió a Estados Unidos en una potencia global sin balance de poder. Fue un Momento Unipolar, que Bill Clinton intentó utilizar frente a los regímenes autoritarios que operaban en los Balcanes y ciertos estados de Medio Oriente.

Carlos Menem entendió el nuevo orden mundial, se plegó a Washington y fue Presidente durante 126 meses seguidosUn récord histórico que nadie podrá superar.

La actual etapa global implica un desafío sin antecedentes históricos. E interpela -todos los días- a todos los líderes del sistema internacional. Hay un descomposición del precio de los comodities, un líder totalitario que fuga hacia adelante -Putin- y ciertos mecanismos multilaterales que no alcanzan para frenar la guerra preventiva de Rusia en Ucrania.

Un soldado de las fuerzas de defensa de Ucrania observa las consecuencias de un bombardeo ruso en la ciudad de Kharkiv

Si el acuerdo institucional entre Alberto Fernández y Juntos por el Cambio no se mantiene, al margen de las diferencias coyunturales, poco habrá servido la futura sanción de la Ley FMI que apoya el denominado Staff Agreement.

Los alimentos ya están sufriendo un incremento inflacionario por la guerra en Ucrania, el valor del combustible puede ser una plaga mortal para los compromisos asumidos por Martín Guzmán con el Fondo, y la crisis interna del Frente de Todos complica la agenda cotidiana de Balcarce 50.

Sólo un pacto político entre las mayorías democráticas podrá evitar que los fascistas de ayer puedan voltear mañana los portones del Congreso y luego prender fuego a todos los despachos del Senado y la Cámara Baja.

El debate en Diputados sobre el Staff Agreement del FMI fue una demostración inédita de consenso institucional, mientras los oscuros herederos de Tejero intentaban entrar al Parlamento y jaquear la Democracia.

Un cálculo mal hecho o una ambición política a destiempo, pueden causar el incendio del Congreso. Ya sucedió: en un país europeo y durante el siglo XX.

Origen: Infobae