Para el mandatario el objetivo no es ninguna ‘paz total’, sino instaurar en Colombia el reino de la impunidad total.

Integrantes del ELN en Colombia. Europa Press

A finales de esta semana se ha conocido que el presidente electo de Colombia, Gustavo Petro, ha solicitado que sea en Cuba donde se establezcan las nuevas negociaciones entre el Estado y el grupo terrorista Ejército de Liberación Nacional (ELN). La información, que podría tomar a más de uno por sorpresa, tiene completo sentido si se asume que el mandatario izquierdista llegó a la Casa de Nariño con la clara intención de lavarle la cara a los grupos guerrilleros que han provocado muerte y destrucción durante décadas en el país.

Ya hay un lugar (Cuba) que fue el que usó Colombia en el Gobierno Santos en la Habana, a Cuba no le fue tan bien porque lo convirtieron en la excusa para una ofensiva diplomática contra ese país”, dijo Petro al ventilar su propuesta, según reseña la Revista Semana.

Mientras Petro dejaba entrever su deseo de radicar las negociaciones con el ELN en la isla gobernada desde hace más de seis décadas por el régimen comunista castrista, su virtual ministro de Exteriores, Álvaro Leyva, volaba el jueves a Venezuela para preparar el terreno al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre la tiranía chavista y Colombia. Así que es probable que Maduro también forme parte de esta iniciativa. Dos más dos son cuatro.

Vale recordar que es justamente en los estados Bolívar y Amazonas, al sur del territorio venezolano, donde en los últimos años se han generado innumerables denuncias por la irrupción abierta de elementos del ELN sin que las autoridades locales hayan dicho o hecho nada al respecto. Los escándalos por el control que dicho grupo terrorista ejerce en porciones el llamado “arco minero” (una zona rica en oro y minerales) del Orinoco evidencian que el mismo ha actuado allí a sus anchas, con absoluta complacencia del régimen chavista. De hecho, un informe del think thank dedicado al estudio de la criminalidad internacional “Insight Crime” detalla que este grupo armado colombiano ha llegado a tener presencia hasta en 12 estados de Venezuela.

Ahora, volviendo a Cuba, también es bueno tener en cuenta que fue justamente en la isla caribeña en donde tuvo lugar el anterior proceso de “paz” entre el grupo terrorista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Estado colombiano, por allá por 2016. Quien no quiera ver que el castrismo ejerce la mentoría directa y el acompañamiento tanto de los gobiernos afines al Foro de Sao Paulo como de los grupos delincuenciales que bajo la modalidad de “guerrillas” han insurgido en toda Hispanoamérica es porque sencillamente es ciego, o se hace el ciego.

En las negociaciones con el ELN aparece además un actor que ya estuvo prestando sus “buenos oficios” en la estafa de los diálogos con las FARC: Noruega. El mismo país que tanto se ha dedicado en los últimos años a apaciguar y rendir a quienes buscan hacerle frente a las amenazas a la democracia que significan tanto estos grupos subversivos como los regímenes de extrema izquierda que han matado de hambre a sus pueblos y desestabilizado a la región, tal y como ocurre con el oprobio protagonizado por Maduro en Venezuela.

A la voluntad de Noruega ya se han unido los gobiernos de Pedro Sánchez y Gabriel Boric, quienes también estarían dispuestos a ejercer un rol activo en esta maniobra. Este jueves el propio primer mandatario chileno le expresó a la vicepresidente electa de Colombia, Francia Márquez, su disposición a “trabajar por la paz de Colombia”, según contó la propia Márquez en un tuit.

“Si el gobierno de Noruega quiere mantener su papel de garante que lo era, eso se puede abrir a otros países. España ha expresado disposiciones alrededor de ayudar al proceso de paz colombiano y ahora la República de Chile, indudablemente toda América Latina, porque al final lograr éxitos en disminuir sustancialmente la violencia en Colombia, hoy cada vez más compleja, es también un éxito americano”, apuntó el propio Petro sobre este particular.

Mismos actores, mismo escenario y misma aproximación que se hizo en la cuestionada negociación con las FARC en La Habana durante la gestión del expresidente Juan Manuel Santos y que, por cierto, luego fue rechazada en las urnas electorales por la mayoría de los colombianos. Es evidente: no se pueden esperar resultados distintos aplicando procedimientos idénticos. Todo este proceso pinta muy mal para Colombia e incluso para la región. Y es que para Petro el objetivo final no es ninguna “paz total”, sino instaurar en la nación que ahora le tocará presidir el reino de la impunidad total, donde la justicia no alcance a quienes han causado miles de muertes de inocentes.

No es petulancia decirlo: a esta altura nada de esto sorprende. Se advirtió con antelación.

Origen: Gaceta