Cuando el Marqués de Lafayette se encontró en Paris con Francisco José de Paula Santander desterrado por Simón Bolívar después de los sucesos de Ocaña el 25 de septiembre de1862, cayeron por tierra sus sueños de unos Estados Unidos de la América Española que fuera el contrapeso de la América inglesa. Que se abriera tal abismo entre Bolívar y Santander, escribió Germán Arciniegas hace treinta años, era para Lafayette un imposible moral y un obstáculo para su ideal democrático en la concepción universal de la política. Ahora, una eternidad después, Santander (el hombre de las leyes), se tropieza de nuevo con el sable de Bolívar en una pegatina bolivariana troquelada en La Habana, conforme a la estrategia de alcanzar el poder democráticamente con una carta escondida en la manga. Un manual bien conocido por las 

contradicciones de la experiencia regional, ignorado sin embargo por los colombiano que votaron  por Gustavo Petro, con el mismo desenfado que los venezolanos eligieron y reeligieron a Hugo Chávez y los cubanos gritaron la consigna, “elecciones para qué, ya votamos por Fidel”.

De esta tendencia irracional escribió Jorge Mañach, “nuestra mentalidad media carece del sentido de la tercera dimensión, la dimensión de profundidad. Vemos las cosas en contornos más que en relieve. Las implicaciones más hondas, los alcances más lejanos, se os escapan casi siempre”. Se debe reconocer, no obstante, que no faltaban motivos a los colombianos para votar por el cambio en un país agotado por la cultura de la violencia, que se remonta más allá del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, fomentada más tarde por la narcoguerrilla hasta niveles inconcebibles; muchos colombiano, sin duda, se equivocaron con el mensajero, pero expresaron un legítimo deseo de combatir la pobreza, la desigualdad social y la corrupción. Motivos necesarios para entender el resultado de las elecciones en Colombia, pero n suficientes para explicar su origen. La democracia nunca echó raíces fuertes y profundas en Hispanoamérica, faltaron siempre, salvo consabidas excepciones, las claves de la ley y el orden garantizado por un sistema judicial independiente del ejecutivo; requisito indispensable para el libre comercio y la libertad de expresión. Democracia esporádica lastrada por valores de una cultura que no ha conseguido evolucionar con el tiempo, pese a su potencial humano para lograr una sociedad más igualitaria. ¿Qué se lo impide? Trastornada por caudillos peores que los de antaño, empeñados en revivir un episodio del siglo XIX (La Gran Colombia), sepultado por sus mismos autores en la Convención  de Ocaña hace ya más de siglo y medio, queda muy poco espacio para el optimismo. La fatal coyuntura castro-chavista parece haber alcanzado al fin el objetivo de su proyecto estratégico luego de que el régimen cubano lograra establecer una cabeza de playa en América del Sur. Petro tiene una oportunidad dorada para ser recordado como un estadista sin compromiso con su pasado guerrillero, un hombre de paz y reconciliación que no solo disminuya la tensión regional con su autoridad histórica, pero inclusive modere las riesgosas relaciones con regímenes en pugna con Estados Unidos. 

Jorge Riopedre