La oficina de trasmisiones a Cuba, OCB, agrupa en sus emisoras a Radio y Televisión Martí y su página web, Martinoticias, están enfrentando serios problemas para sobrevivir, desde que la administración del presidente Donald Trump, redujo drásticamente su presupuesto y la del presidente Joe Biden, no ha considerado incrementarlo y según algunos, vería con beneplácito su cierre, como siempre ha demandado la dictadura cubana.  

Por la falta de recursos, la trasmisión se ha reducido a 12 horas diarias y se desconoce a qué niveles bajara después que se haya implementado un trámite llamado RIF, que afectaría drásticamente la ya reducida plantilla de poco más de 60 personas, en otras 23.  

Realmente en momentos en que la situación de Cuba es especialmente convulsa y la población, particularmente, los activistas, requieren comunicarse entre sí, la disminución en la operatividad de estos medios es perjudicial, porque sus oidores tienen una alta confianza en lo que se dice por los mismos, lo que los aleja de caer en provocaciones, práctica habitual de la dictadura.  

Más allá de cualquier otra consideración la labor cumplida por la Oficina de Trasmisiones a Cuba, OCB, ha sido altamente beneficiosa para el pueblo de Cuba y en particular para la oposición al régimen totalitario. Confieso sentirme orgulloso de haber tenido la oportunidad de trabajar durante 23 años en Radio Martí. 

Ingresé liderando la emisora Herminio San Román y Roberto Rodríguez Tejera. Dos periodistas notables dirigían noticias, Gilberto Rosal y William Valdez, los cuatro, estaban comprometidos con informar verazmente al pueblo cubano, en asistir a todos los opositores dentro de la Isla y que las noticias y análisis se sustentaran en la realidad. Todos se dolían profundamente por la situación en Cuba y se esforzaban fuertemente por hacer llegar a la Isla información veraz.  

Las estaciones siempre trabajaron por las pautas del gobierno federal que son muy rígidas en lo que concierne a la información, medidas que pueden o no gustarnos como cubanos, pero que están establecidas para todos los medios de comunicación que controla el gobierno. 

Lamentablemente no han faltado personas que por diferentes motivos han criticado severamente la emisora. Cierto que ha habido errores y malos manejos, que se han podido hacer cosas mejores, pero eso no le resta a la Oficina de Trasmisiones a Cuba sus muchos logros a favor de informar al pueblo cubano y de servir de enlace a quienes al interior de la Isla luchan por la libertad. No debemos olvidar que la férrea censura castrista hace prácticamente imposible que lo que acontece en un punto de la Isla se conozca a pocos kilómetros. 

Los trabajadores en su inmensa mayoría son talentosos, profesionales de la información que se toman su trabajo muy en serio, y están regidos por patrones informativos muy severos que deben ser acatados fielmente. Aseguro, sin ninguna reserva, que la objetivad en la información es fundamental y editorializar una noticia, sin importa la orientación, es rechazada. Conocí de casos de colegas separados de sus funciones, en mi opinión, ninguna transgresión grave, porque un supervisor en Washington interpretó con demasiado celo un reportaje o un programa. 

Periódicamente desde la oficina central de Washington, coordina todas las oficinas de comunicación del gobierno federal, viajan funcionarios que imparten seminarios que refrescan viejas pautas o señalan nuevas disposiciones. No se debe olvidar que OCB es una agencia del gobierno de Estados Unidos, que actúa en base a las disposiciones de los funcionarios designados a dirigirla, ellos, no siempre están de acuerdo con la existencia de la emisora o simplemente no simpatizan con su programación. 

OCB, en mi opinión está en peligro de morir por consunción. Si el reajuste tiene lugar, tendrán que reducir más horas por lo que me pregunto, seguirán las organizaciones del exilio guardando silencio ante la muerte lenta de Radio Martí. Más importante, los congresistas cubanoamericanos que por décadas defendieron esas entidades asistirán simplemente a su sepelio sin esforzarse por resucitarla como haría Ileana Ros-Lethinen sin aun fuera representante a la Cámara. Repito, ha habido malos funcionarios, pero remedando a la finada colega Cristina Sansón, “donde queda la misión y compromiso con Cuba”.  

OCB es un importante instrumento para ayudar a que en Cuba desaparezca el totalitarismo, además, es muy útil para seguir defendiendo la libertad y la democracia en todo el hemisferio. Hagamos algo.  

Pedro Corzo