No somos los que nos dijeron que éramos. La identidad es más compleja que una invención de purismo nacionalista.

Miguel Wiñazki

Ideas al paso

Es notable en la Argentina el prestigio que ostenta lo que No existe. Se vota un presupuesto en base a una inflación que no existe, abiertamente menor a la que en realidad se proyecta.

Se recuerda en la ficción a 1985 y en un notable esfuerzo de irrealidad se omite a la CONADEP, a Ernesto Sabato, a Magdalena Ruiz Guiñazú y a Graciela Fernández Meijide, entre tantos otros y no existen. Es inevitable evocar el ominoso hecho inolvidable y ya olvidado de que se ensombreció el prólogo real del Nunca Más en su momento para instaurar otro prólogo que no existe en su legitimidad histórica.

Alfonsín en esta instancia fílmica no existe. Es una voz fantasmal. Y él fue quien posibilitó todo.

El indulto de Menem no existe en esa visión recortada.

Estamos en las postrimerías de 2022.

El presidente actual no existe, en el sentido tradicional y real de lo que implica la presidencia en la Argentina.

Y ahora, (es un hecho menor pero en algún sentido muy sintomático) no existe el lenguaje como reflejo de la realidad, sino el que Victoria Donda pretende instrumentar como irrealidad tutelar y desligado de todo ancla con la cotidianeidad tangible del habla.

Para justificarse Donda, exhibiendo una pobreza lingüística apabullante afirmó que estas cuestiones del habla no son ninguna “boludez”.

Victoria Donda, titular del INADI.

Victoria Donda, titular del INADI.

Un ejemplo de que para ella sí lo son, según lo evidencian sus palpables miserias verbales que emergen de la ignominia de la pobreza hueca de un vocabulario limitado y por eso discriminador de la riqueza abierta del castellano.

No existe el acuerdo con el FMI según Máximo Kirchner que a la vez se ausenta del Parlamento en momentos críticos y se hace presente en actos autolaudatorios para exacerbar la inexistencia de su altura legislativa.

Su madre decidió no existir como hacedora de acciones con realismo y solo emerge para criticar, presionar y proponer imposibilidades y para ocuparse de sí misma.

Ese No-ser-Argentina abre un mundo paralelo al que no es ajena la oposición anonadándose en estériles disputas.

No existen las soluciones. Sí quizás los alambres para atar la nada cotidiana hasta que los alambres se rompan y aparezcan otros parches hasta que vuelvan a romperse y así, en camino desde la nada hasta la nada.

Esa pasión por No Ser se vuelve adictiva, y tóxica.  Es un No estar donde hay que estar y un estar en donde no tiene ninguna relevancia estar.

Es esa Argentina tóxica que se degrada en discusiones bizantinas, y en desconexiones con las realidades.

Se perpetran grandes esfuerzos para No Ser.

Se toman escuelas, se cortan calles, se proponen y se consiguen paritarias que hacen explotar la inflación, se postulan circunstancias pasadas distorsivas que distorsionan a la vez el presente y que parecen dilapidar el futuro en una entelequia en la que pareciera que nada puede preverse, ni programarse, ni diseñarse. 

Se «construyeron» rutas que no se construyeron nunca, esa es la paradoja, no existen, y la Patagonia rebelde fue atravesada de caminos prometidos,no concluidos, fantasmáticos y saqueadores de los bolsillos de todos.

El dinero no existe, se vuela, se esfuma, se diluye, se marchita aún antes de gastarse, se pierde y se convierte en papel pintado y mal pintado.

Y por lo tanto el esfuerzo no existe.

Y el trabajo y la disciplina tienden a difuminarse en mil laberintos que no llevan a ninguna parte, pero sí a impuestos que no existen luego en su plasmación para el bien público.

Ese No ser Argentino, ese No ser de la Argentina es la contracara reversible de otra fantasía: el Ser Nacional, esa utopía que había determinado como debíamos ser los identitarios nacionales. Pero no. No somos los que nos dijeron que éramos. La identidad es más compleja que una invención de purismo nacionalista.

Lo que se promete No está, no llega, no aparece, y así vivimos esperando a Godot como a ese gasoducto que lleva el nombre de Néstor Kirchner que ya no existe y el gasoducto que tampoco hasta ahora existe, y todo en derredor de una Vaca Muerta que No existe aún en su declamada gran potencialidad.

Los caños para el gasoducto Néstor Kirchner que se anuncia pero nunca termina de arrancar. Foto Télam.

Los caños para el gasoducto Néstor Kirchner que se anuncia pero nunca termina de arrancar. Foto Télam.

¿Donde arraiga la Argentina que sí existe?

En los que trabajan, en los que estudian, en los que transitan sorteando vallas, en los que escriben, en los que curan, en los que salvan… pero todos luchan contra esa droga extática de la inexistencia como programa.

No Ser, ese es el proyecto de muchos.

Brillan las pantallas de profetas del No Ser que proclaman promesas falsas, proliferan los actos de los que tienen las manos llenas de inexistencias, los que regalan, panes y peces ficcionales.

Es un país que no es lo que es, y que es lo que no es. Es un reverso tóxico de sí mismo.

Pero no todo es No Ser. Hay vida real y pujante contra molinos de viento. Sin embargo, circulamos tantas veces en el desierto, perdidos en la arena de las vanidades voluntariosas de nada y así estamos sin estar.

Los fantasmas no existen, en la Argentina, pero que los hay, los hay.Fuente: Clarin