Todo el país pendiente de la selección. Todos menos una sola persona que sigue pensando únicamente en Tribunales.

Alejandro Borensztein

Humor político

Antes que nada, nos sumamos desde acá al merecido homenaje que esta semana el gobierno nacional le efectuó en la Casa Rosada al exministro de salud Ginés González García. ¿Qué más se puede decir que no se haya dicho sobre su inolvidable gestión? ¿Le habrán dado un diploma? ¿Tal vez una medalla? ¿Un Martin Fierro? ¿Habrá puesto Ginés los deditos en V cuando recibió la distinción, como hacían los militantes kirchneristas cuando se daban vacunas de canuto, adelantándose en la cola al personal de salud o a los ciudadanos mayores? ¿Se lo habrá entregado la payasa Filomena? No lo sabemos. Por algún motivo no hubo foto. Tal vez lo más original hubiera sido entregarle una réplica en oro de la segunda dosis de la Sputnik. En cualquier caso, solo caben palabras de agradecimiento para un exfuncionario cuya performance ayudó a que esta página, en aquel momento, alcanzara récord de lecturas. Ministro Ginés, gracias totales.

Siguiendo con el mismo tema, también saludamos a la ministra Vizzotti quien esta semana apoyó la decisión tomada por los representantes del oficialismo en la Auditoría General de la Nación, de mantener en secreto los contratos con los laboratorios que proveyeron las vacunas. Declaró textualmente: “No podemos revelar los contratos porque es parte de lo acordado con los laboratorios”. Tranquila, todo bien. No hace falta que revelen nada. Podemos imaginarnos todo.

En todo caso, tampoco hay por qué revelarlo ahora. No hay apuro. Tarde o temprano la Justicia citará a Alberto, Cristina, Máximo, Ginés, Nicolini, Vizzotti, Moreau, Gollán, Rachid y tantos otros para que todos, en su medida y armoniosamente, tengan la oportunidad de explicar por qué se negaron a comprar vacunas americanas que estaban disponibles y mandaron a la muerte a miles de argentinos. No hay que ser ansiosos. Tiempo al tiempo.

Dicho todo esto, vamos a lo único importante: la selección argentina en Qatar. Difícil pensar en otra cosa. Todos excitados, todos pendientes, todos felices. Todos deslumbrados por Messi, entusiasmados por Julián Alvarez, sorprendidos con Mac Allister, tranquilísimos con Otamendi, eternamente agradecidos con el Dibu, pipones de ver el festival de colores, goles y amores. En otras palabras, querida selección, los argentinos no hacemos otra cosa que pensar en ti. Todos con la mente puesta allí. Todos menos una. Ella.

No es para menos. Cristina tiene algunos problemitas con la justicia y los tiempos se acortan. El martes, unos días antes del partido por los cuartos de final contra Países Bajos, podría ocurrir que se emita el fallo, eventualmente la declaren culpable y la condenen a cumplir una pena dentro de mil años. Dios no lo permita, más que nada por Ella ya que, por mucho que patalee, en la previa al partido con Países Bajos no le van a dar bola ni en el Instituto Patria.

La desesperación la ha llevado a decir que la están persiguiendo injustamente, que es inocente de todo, que las causas están armadas y que enfrenta un pelotón de fusilamiento. En realidad, dice lo mismo que dicen todos los tipos que tienen problemas con la ley. No se recuerdan muchos delincuentes que digan “tienen razón los fiscales, acúsenme como corresponde y no escatimen con la sentencia”.

A caballo de sus reclamos viene el típico argumento de que la justicia no sirve para nada y que hay que tirar a todos los jueces por la ventana. Si bien hay muchas cosas que andan mal y deberían ser cambiadas, el argumento es un clásico en la historia del delito, fácil de refutar. Mi tía Jieshke, que pasó toda su vida en su casita de Ramos Mejía y que repartía la mejor tarta de manzana de la zona, nunca tuvo problemas con la justicia. Trabajaba, se ganaba el mango, cuidaba de sus nietos y vivía en paz. No la acusaba ningún fiscal ni la perseguía ningún juez. Es verdad que nunca se metió en un partido, ni lideró proceso político alguno, ni fue trascendente en la historia argentina, ni nada por el estilo. Pero Alfonsín sí fue todo eso y tampoco tuvo problemas con la ley. Se ve que con Cristina hay un problemita extra: o se están ensañando contra la líder más grandiosa de la historia occidental o Ella es parte de una banda de malandras desprolijos que dejaron todos los dedos pegados y no encuentran la manera de zafar.

Acá hay que aclarar que la persecución judicial a Cristina es de ahora. Antes, la misma justicia le dejaba pasar todas. El Juez Oyarbide la absolvió en tiempo récord por la causa de enriquecimiento ilícito pese a que había más pruebas que en el robo del Banco Río. Sin embargo, en ese momento no había VAR y, si el juez no lo cobraba, no había donde reclamar. Eran otros tiempos.

Hoy todo indica que se le estaría cortando la racha y que la tiene más difícil. Eso no quiere decir que no pueda volver a tener una racha positiva pero, como viene la mano, por ahora no estaría clasificando para la siguiente ronda. Igual que Alemania.

Como para ir calentando el ambiente, algunos sectores anunciaron que si la condenan a Cristina van a tomar medidas drásticas. El capo de ATE Capital anunció una huelga total, o sea una huelga de empleados del Estado contra un Estado que está administrado por el mismo gobierno al que adhiere el gremio. O sea, los funcionarios del gobierno nacional van a hacer una huelga contra ellos mismos por lo que hace el Estado que administran ellos.

Llevando la situación a un límite, podría suceder que el mismísimo presidente tome medidas de protesta extrema contra su propio gobierno, en apoyo a Cristina y en repudio a la JusticiaPor ejemplo, podría tomarse de rehén a sí mismo. Apuntándose con un sable corvo, que le podría prestar un granadero, podría exigir que el Estado no se meta con Cristina bajo amenaza de hacerse él mismo un harakiri, cosa que pondría en un brete a la Vice que tal vez preferiría una condena si con eso logra que el tipo se abra la busarda de un sablazo.

Inclusive podría pasar que todos los ministros salgan al balcón, amenazándose cada uno con un cuchillo de cocina. “Absuelvan a Cristina o acuchillo a Tolosa Paz”, podría gritar Tolosa Paz amenazándose a sí misma con un tramontina.

Todo esto podría suceder en el contexto de un pueblo eufórico por el triunfo contra Australia y en la previa del partido con Países Bajos. Es evidente que en el fixture judicial, Cristina no ligó.

Por las dudas, Larreta ya debería ir pensando cómo organizar este quilombo. Por ejemplo, la Avenida 9 de Julio habría que reservarla para los que vayan a festejar el triunfo argentino y la Avenida de Mayo para los que quieren incendiar la República y ensayar una guerra civil. Así todo se ordena mucho mejor y cada ciudadano participa de lo que más le gusta como en toda democracia civilizada.

Habrá que ver cuál de las dos marchas lleva más gente. Si Argentina queda eliminada en cuartos, las marchas de apoyo a Cristina podrían ser multitudinarias. Pero si Argentina pasa a la semifinal, y encima tenemos que enfrentar a Brasil, con dejarle a Cristina un tramo de Riobamba entre Sarmiento y Bartolomé Mitre, alcanza y sobra.

Quién hubiera pensado que la resistencia popular a favor de la máxima líder de la Patria Grande pudiera estar condicionada por Otamendi, De Paul y Di María. Qué poco valen los procesos revolucionarios, últimamente.

En fin, al igual que el domingo pasado despues del triunfo frente a México, hoy volvemos a tener un domingo feliz. Todos. Todos menos una.Fuente: Clarin