Hemos naturalizado que la economía esté en manos de un abogado y que el presidente diga la gente se queja porque en los restaurantes hay que esperar dos horas

Alejandro Borensztein

Humor político

Antes que nada le damos la bienvenida al nuevo asesor del “presidente”, Antonio Aracre, ex CEO de la multinacional Syngenta. Se ve que después del suceso de las vacunas, el malogrado Gobierno de Científicos va a probar suerte como Gobierno de CEO´s. Quién lo hubiera dicho.

Aracre había anticipado que iba a proponer una reforma laboral por lo que, antes de asumir, ya lo estaba puteando medio kirchnerismo. Ojalá este flamante funcionario disfrute de su fugaz paso por la función pública. No es por poner la vara demasiado baja pero, si este muchacho llega al otoño, sería todo un éxito. En 20 años de kirchnerismo, el único CEO que Cristina aceptó como parte del gobierno fue el CEO de Austral Construcciones.

Dicho esto vamos a lo importante. El siguiente episodio no es un sketch de televisión ni un segmento de La Pistola Desnuda, sino algo que ocurrió realmente y que fue relatado en una increíble nota de Ricardo Roa, ampliada luego por Natasha Niebieskikwiat.

Pasó por la Argentina el Primer Ministro de Alemania, Olaf Scholz acompañado por su equipo económico y los principales CEO’s de su país. O sea, el sucesor de Merkel y su gente. Si bien el gobierno argentino se siente más cómodo cuando viene Maduro, o algún otro paladín de la democracia, a Scholz le armaron un evento especial en Cancillería para tratar de morderle la billetera. Sábado a la tarde, 35° C a la sombra. El aire acondicionado no funciona desde la época de Saavedra Lamas. Los acuerdos los debe firmar Massa. El ministro no va. Deja plantada a Alemania. Ante la ausencia de Massa, el discurso lo debe dar Cecilia Todesca quien se excusa de leer el texto por no tener los anteojos apropiados. En realidad, siempre vimos que Todesca no tiene los anteojos apropiados. Toma la palabra el viceministro Rubinstein. Muertos de calor, deciden abrir las ventanas. Una ráfaga de viento agita el decorado que empuja las banderas y un mástil ensarta la cabeza de Rubinstein. Sangre. Nadie previó un médico o una ambulancia. Si Scholz se hubiese atragantado con un huesito de pollo el mundo occidental hubiera perdido a uno de sus principales líderes, por culpa de Alberto y Cafiero. Olaf Scholz y los CEOs alemanes agradecen y huyen de la Argentina, como Lula una semana antes. Nos gobiernan los Locos Adams, sin talento.

¿Es esto un hecho aislado? De ninguna manera. Analicemos con más profundidad.

Una de la teorías más aceptadas en el ámbito local de la ciencia política postula que los principales dirigentes de la Argentina tienen una formación y una capacidad muy inferior a la del promedio de la población. O sea, la tesis enuncia que cualquiera de nosotros, amigo lector, de nuestros amigos, familiares, colegas o compañeros de trabajo está más capacitado que aquellos que nos gobiernan.

Esta tesis fue discutida durante años hasta que esta semana quedó demostrada en el extenso reportaje que dió Máximo Kirchner. La descomunal inconsistencia de su discurso dió por terminado el debate: definitivamente, ellos son más burros que cualquiera de nosotros. Eso explica casi todo lo que nos pasa. El resto es solo mala suerte. Abrís una ventana y se te cae un mástil en la cabeza.

Ampliemos la idea. La teoría indica que un colectivero manejando su bondi es mucho más profesional que el presidente manejando el país. Un médico operando demuestra más capacidad y conocimiento que un ministro o un gobernador administrando el Estado. Por eso cuando nos operan, nos operan bien y cuando nos gobiernan, ya sabemos lo que pasa. Un tipo que fabrica pantalones es mucho más eficiente que el secretario de energía. Por eso sobran pantalones y falta energía.

Cualquier adolescente de la UES de 1973 supera en capacidad y formación a Máximo Kirchner, lo cual no tendría importancia si no fuera que el tipo maneja las principales cajas del Estado Nacional. Lo más preocupante es que buena parte del peronismo acepta su liderazgo y se le alinean verticalmente como si fuera un líder ilustrado cuando, en realidad, su única habilidad verificable es que no le queda tema por desconocer. Desde la época de Isabel Conducción que no se veía algo semejante.

¿Se puede generalizar? No. Cada uno de los inútiles que nos gobiernan tiene sus matices. No es lo mismo Alberto que Massa, Cristina que Macri o Larreta que Kicillof.

Ejemplo. Está visto que Alberto ocupa un cargo dos talles más grande que él, pero intenta disimularlo, en vano, con ese clásico perfil de chanta al que nos tiene acostumbrados. “La gente se queja porque en los restaurantes hay que esperar dos horas” dijo este viernes el estadista que conduce un país con 50% de pobres y millones de jubilados que cobran 60.000 pesos. ¿Se lo creerá? De ninguna manera, pero no le importa. Para entender al personaje hay que imaginar a Rolo Puente corriendo en calzoncillos por la quinta de Olivos a las 2 de la madrugada con una botella de champagne en la mano al grito de “soy presidente, soy presidente”. A la mañana se pone una corbata y con cara de Fidel Pintos te dice “soy profesor en la Facultad de Derecho”.

El caso de Massa es bastante parecido. ¿Qué capacidad tiene Massa para ser Ministro de Economía? Obviamente ninguna. Hemos naturalizado que la economía del país esté en manos de un abogado. Podrá ser un genio de las leyes pero no puede saber nada de economía porque para saber de economía hay que ir a la Facultad de Ciencias Económicas, recibirse y ejercer al menos 20 años.

Usted dirá amigo lector que con economistas recibidos y con 20 años de experiencia igual nos fue como el orto. Es verdad, pero la realidad es que todos los economistas que asumieron el cargo de ministro trabajaron bajo las órdenes de abogados: Alfonsín, Menem, De la Rua, Duhalde, Kirchner, Cristina y Alberto. El único que dió órdenes sin ser abogado fue Macri, pero era ingeniero y para colmo tuvo la mala idea de elegir como economista a Dujovne. Patapúfete.

El denominador común es el desconocimiento, la incapacidad, pero también la audacia para meterse a hacer lo que, de manera evidente, no saben hacer.

Sin embargo, ya hay muchos peronistas diciendo que su mejor candidato es Massa. En cualquier momento sale otra vez el tuit de 2019, con aquel mismo video de Cristina pero editando el nombre de Alberto: “le he pedido a Sergio Massa que encabece la fórmula que integraremos juntos…” . Son capaces.

¿Qué decir de Cristina? Protagonista excluyente en la administración del Estado Nacional durante los últimos 20 años. Los resultados están a la vista. Peor no lo podía haber hecho. Por más que machaquen con los 4 años de Macri, lo de Ella no se puede disimular. En la Argentina cualquier cantante de tango, dentista, albañil o marcador de punta hace su trabajo mucho mejor de lo que Cristina hizo el suyo. Hoy estamos infinitamente peor que cuando estábamos mal con Menem. Todo mérito Kirchner.

No hay billetes mayores a 1.000 pesos (2,5 dólares) porque dicen que así la gente no se aviva del deterioro de la moneda. ¿Se lo creen? En mayo de 2022 anunciaron un billete de 5.000 que iba a salir en octubre. Nunca salió. Ahora anuncian uno de 2.000 (ni 6 dólares) con la cara de un tipo acusado de simpatizar con los nazis. Genios.

¿Y Macri? Descansando hace un mes en Cumelén después del mes en Qatar al que fue para descansar del mundial de Bridge en Italia, adonde próximamente viaja otra vez para tomarse unos dias y desestresarse.

Seamos claros: cuando 10.811.586 argentinos te votan para presidente, aunque no ganes, los representás. O el Gato asumía esa representación y se iba todas las mañanas a la oficina para defender los valores por los que pidió el voto, o se definía como expresidente dispuesto a aconsejar, corriéndose y dejando que lo haga otro. Cualquier indefinición en el medio es un invalorable aporte a un quinto gobierno kirchnerista.

Amigo lector, está confirmado: todos nosotros somos mejores que ellos en lo que hacemos. No nos merecemos este cachivache.

Fuente: Clarin