No tengo ninguna duda de que el mandatario mexicano es un psicópata político. Es decir, una persona que no se encuentra en sus cabales, cuyos rasgos de personalidad son una conducta sádica, narcisista, ególatra, mitómana y manipuladora.

Por: Luis Gonzales Posada

Así definen los especialistas esta categoría de trastornos, agregando que poseen “un comportamiento socialmente irresponsable, ignoran o violan los derechos de los demás, son incapaces de distinguir lo correcto de lo incorrecto, tienen dificultad para mostrar remordimiento o empatía, mienten frecuentemente, manipulan o lastiman a los demás” (doctor Prakash Masand, fundador de los Centros de Excelencia Psiquiátrica).

No existe otra explicación a los descocados y agresivos ataques de López Obrador a la democracia peruana en defensa de un exgobernante golpista y corrupto, a quien reconoce como presidente legítimo, sosteniendo la falsedad de que fue vacado por un golpe parlamentario debido a que es un humilde profesor serrano, “odiado por las oligarquías nacionales y extranjeras que se encuentran saqueando los bienes naturales del Perú, como el gas y los recursos mineros”.

Olvida López Obrador, por supuesto, que una de las más importantes empresas mineras en el país está constituida por capitales mexicanos, que trabajan los yacimientos cupríferos de Toquepala y Cuajone, en el proyecto de construcción de Tía María y en la exploración de Michiquillay; e ignora, también, que sus compatriotas son propietarios de América Móvil (Claro) y otras compañías que han invertido más de 17 mil millones de dólares en el Perú.

Ahora López Obrador ha cometido la felonía de insultar a la presidenta, a quien califica de títere, pelele y espuria.

Un psicópata, desde luego, no se detiene en ofender a una mujer que es jefa de Estado de una nación soberana y pretende sabotear el traslado de la Secretaría Pro Témpore de la Alianza del Pacífico (AP). Inclusive, sostuvo el disparate de que consultará al Grupo de Río si procede o no hacerlo, olvidando que ese Grupo fue disuelto hace doce años y que el artículo 7 del Acuerdo Marco de la AP establece que la presidencia la asumen rotativamente los cuatro países, en orden alfabético, el mes de enero de cada año, ante lo cual debemos hacerlo de pleno derecho, como ha actuado el Consejo Empresarial de la AP.

¿Sabrá el mandatario mexicano que la AP es el esquema de integración más exitoso del hemisferio, que concentra el 35 % del PBI regional, 50 % de las inversiones extranjeras y 56 % del comercio?: de verdad, pienso que no tiene idea de qué se trata la AP.

Ante estos graves hechos el Perú tiene expedito el camino para denunciar a López Obrador en la OEA por violar sistemáticamente el artículo 19 de su Carta Constitutiva, que obliga a los países miembros a “no intervenir, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos y externos de cualquier otro”.

Igualmente, podemos llevar este caso ante la Corte Internacional de Justicia, habilitados por el artículo V del Pacto de Bogotá o Tratado de Solución Pacífica de Controversias y la propia Carta Fundamental de México que precisa como una obligación del presidente “no intervenir” en asuntos externos, principio que ha sido incinerado por quien tiene como meta ser recordado como defensor de indígenas y líder del autoritario bloque del socialismo del siglo XXI.

 

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

Origen: Psicópata mexicano – Interamerican Institute for Democracy