Por

Christian Sanz 

Política, estupefacientes e historia contrafáctica

Eduardo Duhalde carga con un estigma permanente e inquietante, que lo persigue dondequiera que va. Refiere a su presunta condición de narcotraficante.

No es algo nuevo ni novedoso: lo acompaña desde el año 1973, cuando saltó de ser concejal a intendente de Lomas de Zamora. En esos días, lo apodaron “Papá porro”… por obvios motivos.

Luego, sus lazos se harían más amplios y estrechos, sobre todo cuando llegó a vicepresidencia de la Nación, de la mano de Carlos Menem, en 1989. Su rúbrica en la designación del narco sirio Ibrahim Al Ibrahim fue el primer gesto. Gracias a Duhalde, aquel que no sabía una sola palabra del castellano llegó a ser “vista de Aduanas” en Ezeiza.

El propio Ibrahim reconocería luego que hacía la “vista gorda” a ostentosas maletas duhaldistas que, se presume, cargaban drogas y dólares.

El mismísimo secretario privado de Duhalde, Alberto Bujía, llegó a admitir que llevaba y traía suspicaces paquetes del norte del país a pedido de su jefe. Cuando llegó la hora de dar precisiones ante la Justicia, Bujía sufrió un sospechoso accidente en un lugar emblemático: a una cuadra de la municipalidad de Lomas de Zamora. Eran los idus de marzo de 1991.

Pronto, el destino le depararía a Duhalde un lugar más complaciente para sus negocios: la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Allí logró que “floreciera” el tráfico de estupefacientes de manera exponencial, con el foco puesto en Mar del Plata, tal cual se detalla en el libro “La larga sombra de Yabrán”, publicado por este cronista en 1998.

Por caso, en aquel terruño se “perdieron” unos cassettes que complicaban al entonces gobernador bonaerense y que lo relacionaban en el negocio de los narcóticos. Se trataba de comprometedoras charlas entre traficantes de drogas.

Esas escuchas eran parte de un expediente que también terminó cajoneado merced a los favores del juez Eduardo Pettigiani, quien terminó siendo premiado y pasó a ocupar, primero la Secretaría de Seguridad de la provincia de Buenos Aires; y, luego, la Corte Suprema bonaerense.

En el año 1999, Duhalde aparecería implicado en otra trama narco, esta vez por el financiamiento de su campaña política, junto a Ramón “Palito” Ortega.

Es que, gran parte de los fondos que aportaron dinero a ambos candidatos, provenían del narcotráfico mexicano. Más puntualmente del cartel de Juárez, que supo comandar el fallecido Amado Carrillo Fuentes.

Finalmente, Fernando De la Rúa truncó los sueños de Duhalde y ganó las elecciones ese año. No llegaría demasiado lejos: entre sus propios desmanejos e ineptitud y el virtual “golpe” que le endilgó el PJ —junto a Alfonsín y Moyano, entre otros—, el líder radical debió dejar el poder en diciembre de 2001.

Meses antes, en Nueva York, Duhalde había anticipado a un grupo de banqueros que sería presidente antes de fin de año, tal cual revelaron los colegas Guillermo Arisó y Gabriel Jacobo en su libro “El golpe SA”.

Su vaticinio se cumplió, aunque a principios de 2002. Fue el momento en el cual Duhalde se sintió todopoderoso. Ya no sería el mandamás del tráfico de estupefacientes solo en la provincia de Buenos Aires, sino en todo el país. De hecho, su principal competidor en ese rubro, Alfredo Yabrán, había desaparecido en mayo de 1998. Se podría decir que Duhalde tocaba el cielo con las manos.

Sin embargo, algo se interpuso en su camino: el 26 de junio de 2002, hace exactamente 18 años, eran asesinados Darío Kosteki y Maximiliano Santillan en el marco de un plan de lucha en reclamo de aumentos salariales, subsidios para desocupados y alimentos para comedores. Quienes obraron el doble crimen fueron uniformados que pertenecían a aquel cuerpo que años antes Duhalde había calificado como “la mejor policía del mundo”.

Lo sucedido obligó al entonces presidente interino a abandonar sus planes reeleccionistas, dando pie a la llegada de otro caudillo, esta vez proveniente de Santa Cruz, Néstor Kirchner.

¿Qué hubiera ocurrido si Duhalde lograba seguir en el poder allende 2003? Es imposible saberlo, porque sería historia contrafáctica. No obstante, la imaginación permite especular al respecto.

Quien tenga dudas, solo debe recordar lo que dijo la monja Marta Pelloni hace apenas unos meses en el programa de Mirtha Legrand: “Con Duhalde entró la droga al país, con Menem empezó el consumo y los cárteles entraron con Aníbal Fernández cuando era ministro de Justicia”.

Es curioso, porque en esa misma mesa, hace casi 30 años —en 1991— la propia Mirtha se lo preguntó al propio Duhalde en la cara: “Dígame gobernador, ¿usted es narcotraficante?”.

Origen: Periódico Tribuna de Periodistas